Dos días antes de la gala de los Premios Oscar llega a salas españolas el último film de James Mangold, A Complete Unknown, nominado a ocho estatuillas, entre las que destacan las categorías de Mejor Película, Dirección y Actor Principal. Por Belit Lago

Si en 2005 Mangold contaba con Joaquin Phoenix para interpretar al cantante de country más popular de los años 60 y 70, Johnny Cash —a quien da vida Boyd Holbrook en esta ocasión—, veinte años más tarde, el cineasta se fija en una de las caras más conocidas del panorama actual para encarnar a un jovencísimo Bob Dylan a inicios de su carrera.
El biopic se centra en el período en el que el poeta se dedicó especialmente a la música folk: desde su traslado a Nueva York en 1961, hasta el Festival de Folk de Newport en 1965, donde fue abucheado por un público conservador ante su primer concierto eléctrico, que dio acompañado por una banda de rock.
Mangold estructura su acercamiento al de Minnesota fijándose en su relación con los cuatro personajes que orbitan a su alrededor, ya sea de manera presencial o metafóricamente. El primero en aparecer es Woody Guthrie (Scoot McNairy), músico aquejado por una enfermedad degenerativa que lo mantuvo en cama durante más de un lustro, motivo esencial por el cual Dylan viajaría, en primera instancia, a la gran manzana. El vínculo entre ambos funciona tanto para abrir como para cerrar, de forma circular, el periplo de estos primeros años hacia el estrellato.

Excompañero de banda de Guthrie en The Almanac Singers, Peter Seeger (Edward Norton) entra en la vida del protagonista en ese mismo instante. El encuentro a tres bandas en una habitación de hospital —donde lo único que da un toque de color son las melodías que surgen de las guitarras de Seeger y el recién llegado— se convierte casi de inmediato en una profunda relación personal que se verá afectada a medida que Bobby (como se hace llamar antes de convertirse en figura pública) se aproxima a la cima y deja de necesitar el respaldo de los que confiaron en él a su llegada a la gran ciudad.
El triángulo amoroso formado por Dylan y las dos protagonistas femeninas es indiscutiblemente otro de los motores de la cinta. El personaje de Sylvie Russo (Elle Fanning) está basado en Suze Rotolo, compañera sentimental del cantautor durante los años en los que acontece la trama, que tiene su origen en el libro Dylan Goes Electric! (2015) de Elijah Wald. Es interesante la manera en que se muestra la influencia de la artista neoyorquina en la politización del todavía anónimo, quien empieza a escribir letras más comprometidas socialmente tras conocerla.
Aunque a mi parecer, el verdadero atractivo de la propuesta es la aparición de la cantautora Joan Báez, a quien da vida la actriz californiana Monica Barbaro (Top Gun 2), nominada al Oscar a mejor actriz secundaria.
La película nos muestra la importancia de la figura de Báez en el arranque de la trayectoria de Dylan. Ella le ofrecería un espacio en sus conciertos, ejerciendo, de alguna manera, como alcahueta entre el público y él. Su bohemia relación de amantes —condenada a la intermitencia— queda representada en contraposición a la de Sylvie, de carácter más formal y estable.
El film de Mangold no deja de ser un biopic de corte clásico sin ningún tipo de atrevimiento, una película entretenida y repleta de buenas canciones interpretadas por el propio Timothée Chalamet.
En este sentido, es oportuno celebrar la dedicación y el talento del actor francoestadounidense, quien estuvo cinco años aprendiendo a tocar la guitarra y ensayando los cuarenta temas que se han grabado para el proyecto.
Si bien la prótesis de su nariz no es suficiente para que dejemos de ver al protagonista de Call Me by Your Name bajo una mata de rizos encrespados y esas icónicas gafas de sol, el joven sí consigue transformarse en Dylan a través de la música.

Paradójicamente, oír la voz de Chalamet entonando los acordes del maestro facilita la entrada del espectador en esta realidad ficcionada, al contrario de lo que ocurre en otro biopic reciente, el de Maria Callas, donde la distancia entre la gesticulación forzada de Angelina Jolie y la voz de la soprano griega da lugar a un producto artificioso y superficial.
De momento, tanto la Asociación de Críticos de Boston como el Sindicato de Actores de Cine (SAG) creen que el trabajo interpretativo de Timothée ha sido el mejor de la temporada: veremos si en esta segunda oportunidad, tras su nominación al Oscar en 2018 por su papel de Elio en el emblemático film de Guadagnino, consigue el máximo de los reconocimientos de la industria cinematográfica.