'Hokum' (Madfer Films y Beta Fiction)

Crítica ‘Hokum’: Todo a la vez en una sola parte

mayo 19, 2026
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La buena acogida dispensada a su anterior largometraje, Oddity, ha permitido a Damian McCarthy dar un salto industrial en su nuevo trabajo, Hokum, con un presupuesto más generoso y una estrella de nivel medio como protagonista. Por Tonio L. Alarcón

‘Hokum’ (Madfer Films y Beta Fiction)

Aunque Damian McCarthy no lo haya reconocido como tal, su último largometraje, Hokum (2026), puede considerarse como una reescritura o, si se quiere, una reconceptualización de su ópera prima, Caveat (2020).

En todo caso, lo que creo que no puede negarse es que el director y guionista revisa aquí algunos planteamientos dramáticos muy similares al de aquel primer largometraje: el protagonista con movilidad limitada, el edificio gótico y decadente, el cadáver que abre la puerta a un misterio oculto a plena vista, el sótano con una mitología que se adentra en lo fantástico…

Todo lo cual conecta, por otro lado, con algunas de las constantes que salen a relucir ahora, cuando su tercera película hace evidente reiteraciones casi obsesivas como las historias de venganza ultraterrena, o la presencia, en un detalle muy stephenkingiano, de villanos humanos mucho más perversos que los monstruos y/o los fantasmas que les rodean.

‘Hokum’ (Madfer Films y Beta Fiction)

En cierta manera, McCarthy está aquí echando la mirada atrás, revisando el planteamiento narrativo de Caveat, para aplicar lo aprendido en Oddity (2024) con la intención de construir, sobre el papel, un largometraje más maduro, mejor acabado.

Desde luego, no se puede negar que hay un evidente salto respecto a la fotografía de Kieran Fitzgerald, claramente limitada por el pírrico presupuesto de 25.000 libras. Nada que ver con el trabajo que ofrece, en el mismo terreno, Colm Hogan, que con cinco millones de dólares a sus espaldas (el doble que en su anterior colaboración), puede ofrecerle un acabado técnico mucho más lujoso. Lo que también implica que, frente al (obligado) estatismo de la cámara en su primer largometraje, aquí el director, mano a mano con Hogan, emplea mucho más encuadres móviles.

Busca, no hay duda, una fluidez en la narrativa que parece inspirada en el fantástico de James Wan. ¿O resulta, en ese sentido, casual que haya recurrido para la banda sonora a Joseph Bishara?

Pero permítanme volver a lo que planteaba hace unas líneas. ¿Es realmente Hokum una obra más madura? No hay duda de que McCarthy la ha concebido como tal, pero entre sus grietas estilísticas surge una paradoja sorprendente. El aumento presupuestario, que permite un planteamiento visual mucho más cinematográfico, viene acompañado de una concepción del terror mucho más evidente, más subrayada. Incluida una auténtica cascada de sustos de gato que, seguramente en busca de la complicidad del público mayoritario, se lleva por delante toda la atmósfera ominosa que había caracterizado a su cine anterior.

Se trate de una mera pérdida de perspectiva, o sea consecuencia de la presión de los productores que han financiado el largometraje, la cuestión es que supone una renuncia (o una negligencia) respecto al arco de crecimiento al que apuntaba Oddity.

Claro que ésta ya apuntaba a otra posible limitación de McCarthy como guionista. Mientras la modestia de Caveat le obligó a ser austero, concreto, a la hora de plantear la odisea de su protagonista, Isaac (Johnny French), en el momento en el que ha tenido un poco de manga ancha, ha hecho evidente que le falta contención, y un poco de perspectiva, a la hora de perfilar sus ficciones. Así pues, tanto Oddity como, en mucha mayor medida, Hokum, padecen del síndrome Versus (2000): el del director que, como allí le ocurriera a Ryuhei Kitamura, intenta embutir todas las películas que tiene la cabeza en una sola.

‘Hokum’ (Madfer Films y Beta Fiction)

La cuestión es que lo que le daba un cierto encanto a su anterior largometraje se convierte en un problema en el nuevo, pues no se decide entre el thriller psicológico, la ghost story a lo Wan y el folk horror (¡incluso ha comentado en Reddit que extrajo del relato toda una subtrama satánica!). Lo que genera una indefinición que lastra el resultado final, por más que quiera justificar argumentalmente todas las salidas de tono que acumula durante la mayor parte del metraje.

Y es una lástima, porque realmente el planteamiento casi de aventura gráfica de un gran segmento de la odisea de su protagonista, Ohm (Adam Scott), resulta muy sugerente desde el dibujo que sugiere de un universo cerrado que va expandiéndose, y sobre todo transformándose, mediante la introducción del fantástico. Ahí es donde se intuye más cómodo a McCarthy.

Al fin y al cabo, sus primeros trabajos en el terreno del cortometraje, que estrenaba preferentemente en YouTube, se caracterizaban por desarrollar narraciones mudas, en la cuales generaba tensión a través de largos planos sostenidos junto a un cuidadoso trabajo (aunque, a veces, un tanto excesivo) con la banda de sonido. No es de extrañar, pues, que donde más brille Hokum sea en la sugerencia, en el apunte inquietante, por más que su máximo responsable huya de ello como si quisiera negarse a sí mismo.