'Jurado Nº2' (Warner Bros.)

Crítica ‘Jurado Nº 2’: Un hombre sin piedad

noviembre 5, 2024
por

Aunque Warner parecía querer quitársela de encima sin mucha ceremonia, la estupenda acogida de crítica y público estadounidenses a Jurado Nº 2 parece haberle dado nueva vida comercial al que quizás sea el último largometraje de Clint Eastwood. Por Tonio L. Alarcón

‘Jurado Nº2’ (Warner Bros.)

Aunque, en general, hubo una indiferencia generalizada hacia la anterior incursión en la dirección de Clint Eastwood, Cry Macho (2021), cabe entenderla como el testamento cinematográfico de una de las últimas grandes estrellas del Hollywood post-clásico, y una prolongación de la (auto)deconstrucción que el autor había realizado tanto en Gran Torino (2008) como en Mula (2018).

En la que, es más que probable, sea su última interpretación, Eastwood insistía en algo en lo que ha incidido una y otra vez a lo largo de su carrera como actor: en la renuncia a esa figura clásica de héroe duro, casi imperturbable, que le hizo famoso en sus trabajos con Sergio Leone y Don Siegel.

De la misma manera, su interés como narrador por las historias de individuos de moralidad libertaria enfrentados a la opresión del sistema estadounidense también ha ido matizándose, hasta desplazarse de forma progresiva hacia personajes que, si no logran encajar en su entorno, es porque arrastran algún tipo de patología o de condición limitante. Así, los protagonistas del Eastwood más reciente ya no se sitúan moralmente por encima del contexto social en el que están enmarcados, sino que muestran una naturaleza conflictiva, incluso criminal, que genera unas tensiones mucho más interesantes.

‘Jurado Nº2’ (Warner Bros.)

Es el caso de Justin Kemp (Nicholas Hoult), el antihéroe de Jurado Nº 2 (2024), al que el guión de Jonathan Abrams (escrito en 2008, y seguramente todavía influenciado por la fiebre de la literatura de John Grisham) pone frente a un dilema existencialista de naturaleza dostoyevskiana. Claro que, a diferencia del Raskólnikov de Crimen y castigo, Kemp no mata por necesidad, sino de forma accidental; sin embargo, también se ve obligado a lidiar con su sentimiento de culpa, no sólo por lo que ha hecho, sino también por la necesidad de ocultarlo (y manipular en consecuencia a quienes le rodean) para conservar el status quo que ha logrado tras años batallando contra el fantasma del alcoholismo.

El planteamiento argumental de Abrams es una inteligente vuelta de tuerca a uno de los principios básicos de Hitchcock a la hora de crear villanos: que, incluso siendo conscientes de su perversidad, el espectador acaba sintiendo una fascinación malsana hacia ellos que provoca que incluso puedan llegar a preocuparse si se ponen en peligro.

De ahí la inteligencia de Eastwood de darle el protagonismo a Hoult, un actor fogueado tanto en perfiles turbios como en transmitir una cierta inocencia. Su mirada, que sostiene una gran cantidad de los planos de Jurado Nº 2, llena de matices una figura que, de haber caído en manos más simplistas, podría haber derivado en cierto esquematismo moral.

No es casual, en ese sentido, que el director enfrente a Kemp con la ayudante de fiscal Faith Killebrew (Toni Collette). No solamente por la conexión casi inconsciente que provoca que ambos interpretaran a madre e hijo en Un niño grande (2002). También porque, en la primera mitad del metraje, Killebrew se diría un personaje dibujado de forma simplista, una pieza más de un sistema que no funciona por su excesiva burocratización. En cambio, su figura tiene el que seguramente sea el arco dramático más completo (y más complejo) de todo el largometraje, y era imprescindible que lo abordara una actriz con el carisma y las capacidades dramáticas de Collette para hacer creíble esa transición de supuesta antagonista hasta la auténtica brújula moral del relato. Sobre todo porque esa transición implica también una cierta esperanza de redención por parte de Eastwood hacia ese sistema que, a lo largo de su ya amplia filmografía, siempre había criticado con dureza.

‘Jurado Nº2’ (Warner Bros.)

El realizador ha repetido aquí con el director de fotografía Yves Bélanger, que había trabajado previamente con él tanto en Richard Jewell (2019) como en Mula (2018), y que le ayuda a aportar esa naturalidad que siempre ha buscado en las imágenes de su cine. A nivel de construcción narrativa, Eastwood sigue siendo un director muy clásico, muy elegante, pero en sus encuadres sigue latiendo una búsqueda continua de una naturalidad, de una cierta sensación de inmediatez, que resuenen a nivel emocional con el espectador.

De ahí la importancia de que, a diferencia de otros directores de su generación o incluso posteriores, no se haya obsesionado con mantenerse fiel el uso de los 35 mm, y no tenga problemas en utilizar, como es el caso, cámaras de cine digital como la Arri Alexa 35.

Precisamente el rango dinámico que ofrece ha permitido a Bélanger iluminar de la forma en la que el director de fotografía canadiense se siente más cómodo: es decir, de la forma más natural posible, sin fuentes de luz inexplicables (o inexplicadas). Por eso las secuencias de lluvia, fundamentales para la trama de Jurado Nº 2, son ligeramente más oscuras de lo habitual, lo que permite a Eastwood centrarse en la expresividad de los rostros y los movimientos corporales de sus intérpretes.