Un repaso a las películas que conformaron la selección del certamen German Films, celebrado en los Cines Embajadores de Madrid. Por Juan Galarza

El pasado domingo concluyó la XXVII edición del German Film Fest, celebrado entre el 11 y el 15 de junio. El certamen, organizado por German Films, fiel a su cita anual, ofreció a los espectadores que asistieron a las salas de los Cines Embajadores algunas de las producciones alemanas más destacadas de los últimos meses.
En RUBIK tuvimos el placer de acudir al festival, realizado con la colaboración del Goethe-Institut Madrid, Amigos del Goethe-Institut España y la Embajada de la República Federal de Alemania en Madrid, con el apoyo de Filmin y Almamedia.
La pequeña pero variada muestra de películas que conformaron la programación del festival dio para mucho: entre thrillers políticos, películas infantiles, documentales y atrevidos cruces de géneros, las propuestas del German Film Fest establecieron interesantes diálogos sobre la identidad, tanto íntima como colectiva, y acercaron al público tanto a cineastas emergentes —con experiencia en importantes certámenes europeos como los festivales de Rotterdam o Venecia— como a nombres algo más consolidados de la cinematografía germana.

Ejerció como película de apertura Red Stars Upon the Field de Laura Laabs, a quien entrevistamos en RUBIK. El concepto del angelus novus de Walter Benjamin —que rechaza una visión de la Historia como un progreso lineal y propone en cambio entenderla como una acumulación de catástrofes en forma de escombros— influye en la forma del filme, que plantea una exploración del último siglo de historia alemana desde distintos puntos de vista y estilos.
Con una joven artista y activista como protagonista y nexo conductor, el largometraje transita desde la Segunda Guerra Mundial hasta la reunificación del país, de las cámaras analógicas a los dispositivos digitales, y del drama histórico a la romcom, manteniendo en general una estética muy artesanal. Abarca tanto, que por momentos resulta inevitable la sensación de que se queda un poco a medio camino en todo, aunque la valentía de su directora es ciertamente admirable. Además, su reflexión sobre la importancia de recordar el pasado para comprender mejor los fantasmas que acechan nuestro futuro resulta especialmente pertinente.
También mira hacia el futuro Smell of Burnt Milk de Justine Bauer, que en este caso se interesa por el legado en el mundo agrario desde el punto de vista de una familia compuesta por tres generaciones de agricultoras. A nivel formal, la película no se aleja demasiado de la ya habitual estética del cine europeo contemporáneo centrado en lo rural —con España como uno de sus mayores exponentes— y opta por una propuesta contemplativa.
Sin embargo, encuentra puntos de fuga gracias al humor cómplice de sus actrices (en su mayoría intérpretes no profesionales) y a los rasgos más punk de sus personajes. El relato se siente íntimo y auténtico, sin descuidar la perspectiva política que asoma a través de algunas subtramas más oscuras.
Redoblando su interés por el mundo juvenil, el festival propuso dos películas con protagonistas infantiles. Una de ellas fue The Night Is Dark and Colder Than the Day de Christina Friedrich. La directora parte de un tono y una premisa marcadamente documentales: en el gimnasio de un colegio, un grupo de niños habla a cámara, uno por uno, sobre sus principales miedos. Acto seguido, la película lleva al espectador a un mundo onírico, donde los sueños y reflexiones de los infantes se escenifican en espacios vacíos, poblados únicamente por ellos.
El trabajo con el sonido, espectacular, así como las bellas estampas en las que los niños interactúan y juegan, invitan a un visionado relajado, donde el espectador se deja llevar por los paisajes, tanto visuales como sonoros.
Diametralmente opuesta en su propuesta artística es Mañana seré valiente (Tomorrow I’ll Be Brave) de Bernd Sahling, director con una consolidada trayectoria en el cine infantil. La suya es una película mucho más conservadora a nivel formal pues sus intenciones son indudablemente más modestas: la obra narra los intentos de Karl, un niño de doce años, por declararse a Lea, su compañera de clase, de la que está profundamente enamorado, antes de que termine el curso y ella se marche a otra ciudad. Tan simple.
Es un coming of age muy sencillo, claramente pensado para toda la familia y especialmente para los espectadores más pequeños —fue exhibida en las proyecciones matinales de fin de semana—, aunque guarda algunos guiños cinéfilos (para quien escribe estas líneas, es imposible no pensar en Encuesta sobre el amor de Pasolini, al ver ese documental que los propios niños filman).
La película ofrece también visiones cautivadoras sobre la inocencia en el amor, la amistad o el acto mismo de filmar; de hecho, aunque muy distintas entre sí, ambas obras comparten un interés común por la creación entendida como un acto colectivo.

También formó parte de la selección del festival el documental sobre la cantante canadiense Peaches, Teaches of Peaches de Philipp Fussenegger y Judy Landkammer. Filmado durante la gira de aniversario del álbum homónimo y construido a partir de material de archivo de la artista canadiense afincada en Berlín, coincide en el tiempo con otro largometraje sobre la misma protagonista: Peaches Goes Bananas de Marie Loisier, que pudo verse hace unos meses en el Festival de Gijón.
Si bien ninguno de los dos documentales va mucho más allá de ser retratos elogiosos, el de Loisier poseía una estructura algo más atrevida, más fiel quizás al espíritu de la artista. Este trabajo, sin embargo, resulta un tanto plano y se nutre en exceso de testimonios. En el mejor de los casos, una película para los ya convencidos.
Sin contar el tono family-friendly de la película de Sahling, Al filo de la noche (Edge of Night) y Rock ‘N’ Roll Ringo fueron quizá las dos propuestas más comerciales o convencionales a nivel narrativo, pero —a juicio de quien escribe estas líneas— también las más logradas.
La primera, dirigida por Türker Süer, realizador alemán de ascendencia turca, es un thriller político y militar ambientado en Turquía durante el golpe de Estado de julio de 2016. Su protagonista es un joven teniente del ejército que ve sus convicciones puestas a prueba cuando debe entregar a su hermano —también oficial en la armada— a un tribunal militar, en pleno contexto de insurrección. Claustrofóbica, áspera y pesimista, avanza con firmeza y cuenta con un acabado muy sólido.

Rock ‘N’ Roll Ringo de Dominik Galiza resulta también angustiosa, aunque en un contexto muy distinto. Narra la historia de un hombre con una existencia mediocre que, tras un accidente laboral provocado por su alcoholismo, descubre una inesperada oportunidad de triunfar y cumplir sus humildes sueños: ejercer como boxeador en una barraca de feria. La descripción que plantea el director del mundo ferial —poblado por actores no profesionales de un carisma tremendo— es tan fascinante como (gozosamente) frustrante.
Para el placer culpable del espectador, asistimos a las peripecias de su protagonista, atrapado entre el patetismo y la redención. Por el frenético movimiento de la cámara, el uso de formatos analógicos y su errático protagonista, es difícil no pensar en las películas de los hermanos Safdie. Un trabajo muy prometedor de un director a tener en cuenta de cara al futuro.
Más allá de las películas que competían por el Premio del Público, el festival propuso también una retrospectiva de películas de Nicolette Krebitz en el marco de su ciclo Focus Goethe; una colección de cortometrajes de jóvenes cineastas dentro de la iniciativa Next Generation Short Tiger; y la proyección especial de Adiós Buenos Aires de German Kral.
En definitiva, en tan solo unos pocos días, un catálogo de películas tan copioso como heterogéneo, que refleja la buena salud del evento.