Hasta hace no tantos años, uno de los países con un gran sello de calidad en el cine de terror era España. Sin embargo, y a pesar de que se siguen haciendo algunas películas en este género, ese panorama ha cambiado totalmente. Como queremos analizar en profundidad qué ha ocurrido y por qué, nos hemos comunicado con Vicente Canales (Film Factory), Gemma Vidal (Atresmedia Cine), Laura Fernández (Filmax) y los cineastas Gonzalo López Gallego y Xavier Rull. Por Carlos Aguilar Sambricio

Efectivamente, España estuvo en el foco del terror hasta hace no mucho. En realidad, lo ha estado en varios momentos históricos. Son muchos cineastas internacionales que han recibido la influencia del fantaterror español o de los trabajos de Chicho Ibáñez Serrador. También el cine de los 90, con el boom del cine de género en España, puso a nuestro país de nuevo en el mapa.
No obstante, fue quizás a finales de la década de los 2000 con películas como [REC] y El orfanato —además de otras en los años previos y posteriores— cuando el cine español alcanzó un estatus de referencia en el terror. Lamentablemente, ese liderazgo se ha esfumado y queda ya en el olvido. ¿Por qué?
“Se debe a lo difícil que es financiarlo en España. Las plataformas se han vuelto mucho más selectivas a la hora de comprar cine de terror y las cadenas de televisión en abierto no invierten en dicho género ya que es muy difícil programarlo. Además, entre los distribuidores cinematográficos españoles se ha instalado la idea de que el cine de terror español no funciona y sí el americano internacional”, nos dice Vicente Canales, fundador de Film Factory, una de las agencias españolas de venta más importantes.

En opinión de Canales, en esa apreciación, puede contribuir el target, que el cine español está produciendo terror demasiado adulto que no da miedo al espectador. “No hay que olvidar que el fan del cine de terror es mayoritariamente adolescente y le gusta pasar miedo en el cine, que le sorprendan y vivir buenas experiencias”, expone.
Filmax es una institución del cine de terror en España, así que hemos hablado también con su CEO, Laura Fernández, para conocer su punto de vista, que tiene que ver con que la demanda y la preferencia del público es cambiante: “Lo que puede funcionar hoy, puede que en un año ya no funcione. Producir una película son, como mínimo, 3 años. La comedia y el drama son dos géneros que han ganado en popularidad”.
En su opinión, el terror siempre ha sido más difícil financiarlo y ahora “las televisiones y plataformas están apostando por otras historias que consideran más comerciales”. Además, recluido en festivales de género, Fernández también considera que no entrar en los festivales que conoce el gran público lo hace más difícil, así como que “hay mucha saturación con producciones de terror internacionales” y destacar, en ese contexto, “no es fácil”.
“En nuestro caso, cuando empezamos con el terror en los 90, era algo novedoso, distinto, absolutamente rompedor. Ahora todo se ha estandarizado y todos hacemos terror. El reto es encontrar esa historia rompedora, distinta y hacer una buena película”, opina Laura Fernández.
Si os habéis fijado en ambos testimonios se apunta a que las televisiones han perdido interés en el terror. Así, teníamos que hablar con Atresmedia Cine, la TV privada que más cine español produce pero que muy pocas veces lo hace con terror.
Gemma Vidal, productora ejecutiva en la cadena, nos admite que, aunque en tiempos recientes han participado en algún título como La niña de la comunión, en estos momentos no están buscando activamente un proyecto de terror porque “son películas difíciles para su emisión en televisión”.
Subraya, eso sí, que no se cierran a valorar proyectos de género si tienen elementos que les puedan interesar porque buscan la diversidad de propuestas.

El testimonio de Vidal era especialmente valioso para nosotros porque ella llegó a Atresmedia después de dirigir el programa de desarrollo La Incubadora de la ECAM. Y digo que es valioso porque en los laboratorios y residencias es muy difícil ver cine de género y, especialmente, cine de terror.
Ella indica que en la primera edición del programa había una película como El páramo (en su momento conocida como La bestia) de David Casademunt, que Netflix adquirió, pero reconoce que “no suelen proliferar si miras la selección de los laboratorios recientes de nuestro país”.
¿Cuál es la causa? “Pueden ser varios los motivos, y me parece un tema interesante a explorar, quizá puede ser porque a nivel financiero son difíciles de levantar con directores de primera o segunda película, como suele ser el perfil de estos programas”, apunta Vidal.
En USA el terror de bajo presupuesto es una línea de producción muy interesante. En España hubo una aventura llamada Fantastic Factory, por parte de Filmax, que iba un poco en esa vertiente. “En la actualidad, la financiación hace el camino más incierto sobre la viabilidad de un proyecto. Fantastic Factory tuvo su momento y un propósito que se cumplió”, dice Laura Fernández al preguntarle por ese sello.

Vicente Canales cree que en EE.UU. funciona ese modelo ya que “trabajan muy bien el marketing y suelen hacer grandes campañas en torno a este tipo de cine” y menciona como ejemplo el reciente caso de Longlegs.
Paradójicamente, y de ahí surge en cierta manera este artículo, el cine de terror interesa fuera de nuestras fronteras. “El cine de terror español se vende bien internacionalmente y cuanto más terrorífica, mejor se vende. El mercado internacional no ha cambiado tanto”, reconoce Laura Fernández.
Vicente Canales ratifica que los distribuidores extranjeros buscan terror español. “Buscan un cine de terror de gran calidad ya que el mercado internacional está inundado de este tipo de títulos y solamente funcionan los mejores, que tengan una historia original y muy buenos valores de producción”, señala
Lo bueno es que el terror español tiene buena imagen. Según Canales, es porque “es muy original, las historias dan mucho miedo” y tiene esa alta producción que mencionaba, así que anima a los productores españoles a seguir produciendo terror.
La visión de los creadores
También hemos querido comunicarnos con dos cineastas relacionados con el género en España para tener su punto de vista.
Xavier Rull es un joven cineasta, especializado en terror, que está desarrollando Mi Stalker, su primer largometraje. Rull subraya que, al margen del fantaterror, donde se produjeron “grandes películas de explotación mezcladas con el horror gótico”, el terror español se diferencia por “contar historias donde lo sobrenatural, lo cotidiano, familiar y en muchos casos la religión se entremezclan”.
Otro factor diferencial que recalca es que muchos directores españoles que se dedican al género han tenido la influencia directa de festivales especializados como Sitges: “Siempre digo que, de algún modo, yo soy hijo de Sitges y, como yo, muchos otros que nos hemos criado asistiendo a estos festivales, descubriendo películas de terror que, de otro modo, no habríamos conocido (…) ¿Podemos afirmar que en España existe la mejor cantera del cine de terror del mundo? Creo que sólo necesitamos dar una oportunidad a ese nuevo talento para demostrarlo”.

También nos hemos comunicado con Gonzalo López Gallego, un cineasta ya con bastantes películas a sus espaldas y que ha trabajado tanto en España como en Estados Unidos. En nuestro país fue parte de ese boom que mencionábamos, con un título como El rey de la montaña.
Él cree que los géneros cinematográficos pasan por ciclos de popularidad: “En el caso del terror, cuando se estrenaron películas como [REC] y El orfanato, había un auge notable en Europa, especialmente en Francia, con directores como Alexandre Aja, Xavier Gens, y el dúo Maury y Bustillo liderando proyectos innovadores. Unos años antes, Japón y Corea del Sur habían estado en la cima del género con sus propias propuestas únicas”.
Esa era la época en la que López Gallego estrenó El rey de la montaña. Cuando asistió al Festival de Toronto para tener conversaciones con diversas agencias, percibió que “en Los Ángeles había mucho interés por encontrar nuevas películas de terror y España era un foco de atención importante en ese momento; estábamos muy de moda”.

Sin embargo, López Gallego estima que este movimiento “fue parte de una tendencia global que eventualmente se estabilizó”, de modo que “las películas de terror volvieron a su ritmo anual habitual”. En España, esta normalización se tradujo en “una disminución significativa de la producción de cine de terror”, a pesar de que sigue teniendo “un atractivo internacional que facilita su venta en muchos mercados”.
Xavier Rull también se ha preguntado muchas veces lo que en RUBIK nos hemos cuestionado en este artículo y le parece paradójica la situación en un país que se conoce internacionalmente, entre otras cosas, por un sello de terror propio gracias a títulos como [REC], Los sin nombre, El día de la bestia, Verónica, El orfanato o Los otros: “Siempre que hablo con colegas productores o directores de fuera de España, ya sean franceses, de Estados Unidos o cuando asisto a mercados internacionales, me preguntan lo mismo: ¿para cuando más cine de terror español?”.
Rull declara que si contamos con el sello de reconocimiento internacional, los festivales y el apoyo del público, ¿cómo es posible que no estemos produciendo más películas de terror?: “A priori parece no tener sentido, ¿verdad? Hasta que te topas con la realidad del sistema de financiación”.

El director incide en que el terror siempre ha sido “menospreciado, tachado como cine de segunda”, y “esto sigue presente en algunos decision makers de la producción española aunque internacionalmente se esté demostrando lo contrario”. Rull recalca que las películas y series de terror han conseguido conectar con el gran público rompiendo con la barrera del nicho, y menciona como ejemplos mainstream la franquicia The Conjuring o It, series como The Walking Dead o películas como Déjame salir.
En su opinión, no es tanto que se hayan dejado de hacer películas de terror en España, sino que “se han dejado de hacer producciones que cuenten con un mayor respaldo económico y empaque suficiente para conseguir una buena distribución”. Sin este apoyo, “por más que puedas tener una buena película entre manos, es muy difícil llegar al público”.
Levantar proyectos de terror
Se han mencionado los sistemas de financiación. Si no cuenta con subvenciones, levantar una producción de terror en España es muy complicado.
“La falta de apoyo financiero público significa que la única opción viable es recurrir a inversión privada, lo que obliga a reducir considerablemente el presupuesto. Esto puede limitar la escala y la ambición del proyecto, aunque como consuelo, podríamos decir que puede fomentar la creatividad para contar historias impactantes con recursos limitados”, nos dice López Gallego.
Él nos reconoce que ha notado, en sus propias carnes, una mayor resistencia en los últimos años a la hora de financiar terror en España: “En la actualidad, obtener buena puntuación en las ayudas es crucial para asegurar la financiación de un largometraje. Para lograr esa ‘matrícula de honor’, hay que estar dentro de unas cuotas determinadas y el tema del proyecto debe estar alineado con las tendencias actuales. Lamentablemente, el terror y el cine de género no están en boga”.

El cineasta subraya que no solamente afecta al terror, sino también a la acción, el fantástico o la ciencia ficción, que se enfrentan a “barreras similares”. En su opinión, “es prácticamente imposible levantar estos proyectos a través de los cauces habituales de subvención y televisión”.
Xavier Rull achaca gran parte del problema de financiación a las ayudas públicas: “En la línea de selectivas es complicado que puedas entrar ya que se suelen premiar películas más autorales, de carácter cultural o social. Eso te lleva a tener que presentarte a la línea de generales, donde te encuentras con el segundo problema”.
Ese segundo problema está vinculado a la fortaleza financiera necesaria gracias, sobre todo, al apoyo de las televisiones y distribuidoras. Pero como hemos visto en los testimonios del inicio del artículo, no son precisamente muy partidarias en estos momentos.
“Hoy en día, las televisiones tradicionales apuestan cada vez menos por el terror ya que se considera de nicho y les cuesta encajarlo en su programación más enfocada a un público adulto. Esto sumado a que si eres director novel y que por tanto no aportas demasiada solvencia previa, es complicado que una televisión se sume al proyecto”, se lamenta Rull.
¿Y el modelo ‘low budget’?
El terror es un género que, al menos en Estados Unidos, genera una gran rentabilidad. No hace falta llegar a casos extremos como el de Paranormal Activity, rodada con apenas 15.000 dólares y con ingresos mundiales de casi 200 millones de dólares. En general, cada año allí suele haber varios sleepers que tienen un impacto enorme con presupuestos bajos.
Rull menciona el caso por antonomasia de cine económico que genera muchos millones en taquilla: Blumhouse. Además de la mencionada Paranormal Activity, han producido la saga Insidious, La Purga, The Black Phone, Déjame salir, Sinister o Five Nights at Freddy’s, entre otras.

“El terror es de los pocos géneros que permiten abaratar los costes y contener la producción sin tener necesariamente que repercutir negativamente en la película. Con el terror si tienes un buen punto de venta o high concept puedes conseguir llamar la atención del público y que funcione en salas”, admite el cineasta.
Pero… hay trampa, nos cuenta Rull: “Aunque sean películas de presupuestos ajustados o incluso no-budget, se han invertido muchos millones en la distribución, marketing y publicidad para llegar al gran público. Es decir, habitualmente cuando hablamos del presupuesto de una película no se incluye el dinero extra que se gasta en publicidad, y ahí está la clave del éxito”.
Hay excepciones como [REC] pero, en general, en España y en Europa esto no sucede. “Aunque puedas llegar hacer una buena película de terror de presupuesto reducido, luego no se invierte lo necesario ni se cuenta con el apoyo financiero y de distribución como para generar el ruido suficiente para llegar a la audiencia. Por eso mismo este modelo, aunque superinteresante, aquí no funciona”, explica Rull.

López Gallego apunta a otro lado para desentrañar por qué no encaja aquí ese modelo y es la ausencia de un verdadero cine independiente: “En nuestro país, tenemos el modelo del cine de autor (y cada vez menos) y el del cine a priori comercial, pero el cine independiente, al margen de subvenciones, televisiones y plataformas, no existe”.
Esta ausencia limita las posibilidades de crear cine de terror de bajo presupuesto que pueda tener éxito en taquilla. «De hecho, levantar una película pequeña puede ser más difícil que producir una mediana o una grande. Si logras hacer un largometraje por menos de un millón de euros, como algunas producciones de Blumhouse, te enfrentarás a un camino complicado para llevarlo a cabo en España. Además, si consigues terminarlo, encontrar apoyo para promocionarlo adecuadamente será otro desafío, a menos que la película tenga éxito internacionalmente o sea reconocida en festivales importantes», añade.
A pesar de todo, López Gallego opina que hay esperanza: “El modelo podría cambiar gracias a ciertas ayudas fiscales disponibles en algunos territorios y al cansancio del público con la abundancia de contenidos similares. Esto podría llevar a una demanda hacia algo diferente y más auténtico, aunque fuera de muy bajo presupuesto”.
Ojalá en unos años este artículo haya quedado vetusto y haya motivo para la esperanza. Cimientos para ello hay.