Los hermanos Philippou nos regalan una de las películas más terroríficas del año, y, para muchos, el mejor estreno del verano: Devuélvemela, distribuida por el reconocido sello A24, llega a nuestras salas para hacérnoslo pasar muy, pero que muy mal. Por Belit Lago.

Hace dos veranos, este par de mellizos australianos ya conquistaron el corazón (o las entrañas) de muchos. Con Háblame (2023), su debut en la gran pantalla, se daban a conocer internacionalmente dejando el listón bien alto: una película de terror con adolescentes, escenas grotescas y rituales satánicos. ¿Qué podía salir mal?
Pero volvamos atrás en el tiempo, porque antes de su incursión en el cine, Michael y Danny llevaban años creando en internet: RackaRacka (2013) fue una serie de YouTube donde los hermanos deformaban su vida diaria a través de efectos especiales y toneladas de sangre falsa, haciéndose un nombre dentro del panorama de la horror comedy amateur.
Ha llovido bastante desde entonces —como también llueve, y mucho, en su última propuesta—, pero los Philippou, lejos de pertenecer al grupo de cineastas que deslumbran con una ópera prima que no logran superar jamás, han crecido en todos los aspectos, y así lo demuestra la madurez artística de Devuélvemela, un film que deja el humor a un lado —por lo menos durante gran parte de su trama— y abraza sin reparos el género dramático, ofreciendo una historia de duelos a tres bandas.

Los adolescentes Piper y Andy se acaban de quedar huérfanos en terribles circunstancias, aunque lo que les depara el futuro es mucho peor. En manos de los servicios sociales irán a parar a casa de Laura, una terapeuta que perdió a una hija con la misma discapacidad que la protagonista: la ceguera. Allí no serán los únicos adoptados: Ollie, un niño extraño que parece incapaz de hablar, será uno de los personajes clave en esta terrible fábula sobrenatural sobre el dolor de la pérdida y la firmeza de los vínculos intrafamiliares.
No es extraño que un guion donde el lazo fraternal se sitúa en el centro —es hermoso observar la manera en que Andy está pendiente de Piper en todo momento— esté escrito por una pareja de hermanos en la vida real.
La relación de los jóvenes protagonistas —Sora Wong y Billy Barratt se entregan emocionalmente a la película de una forma visceral y generosísima— parece irrompible, impenetrable; tan solo un alma maléfica sería capaz de intentar separarlos, y aquí es donde irrumpe Sally Hawkins en su papel de madre coraje doblegada por un trauma irreparable.

Sumado a la exquisita interpretación de un elenco que cuenta con debutantes como Wong o Jonah Wren Phillips en el papel de Ollie, nos encontramos con la increíble construcción de una incomodidad cotidiana que enseguida ataca al espectador.
Pese a la aparente amabilidad del nuevo hogar, el mal rollo que asoma en cuanto los hermanos aparcan el coche —donde ya ocurre un pequeño incidente como augurio de lo que está por venir— no deja de crecer y crecer, convirtiendo la cinta en un mal viaje que los amantes del terror, sobre todo los menos aprensivos, abrazarán profundamente.
No hay duda de que los australianos han llegado al género para quedarse, y que Devuélvemela los sitúa en esa esfera de cineastas referentes dentro del terror contemporáneo, donde encontramos nombres como el de Robert Eggers u Osgood Perkins, cuyas últimas obras también han sido fuertemente aclamadas por la crítica y, en general, bien recibidas por el público.
Si ya nos moríamos de ganas por saber qué nos depara la secuela de Háblame —aun sin fecha para su estreno en España, aunque con suerte llegará en 2026—, este segundo largometraje no hace más que alimentar esa ansia de ver por dónde irán los siguientes pasos de este par de maestros del escalofrío.