Julia Thulin

Julia Thelin, directora del film inaugural de Cinema Jove, ‘The Patron’: “El valor en el arte está en los ojos de quien mira”

junio 24, 2026
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Julia Thelin visita Cinema Jove para presentar The Patron, su debut en el largometraje: un thriller atmosférico que utiliza el mundo del arte para explorar cuestiones como el elitismo cultural, la construcción de la identidad y la necesidad de reconocimiento. Por Belit Lago

Julia Thelin (Photo: Jo Widerberg)

No es la primera vez que Thelin visita España: ya había estado en Barcelona y San Sebastián, pero nunca en Valencia, ciudad que ahora la recibe para inaugurar uno de los eventos culturales más relevantes del país.

El pasado 19 de junio, el Teatro Principal acogió la gala inaugural de la 41.ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia, que culminó con la proyección de The Patron. Al finalizar la sesión, buena parte del público celebró la película con una ovación dedicada a Thelin y a su actriz, Carla Sehn.

Tras las emociones de la noche, nos encontramos con la directora en un camerino repleto de espejos, espacio idóneo para hablar de identidades y apariencias, temas que articulan esta especie de home invasion en la que una limpiadora se hace pasar por mecenas para sentir, aunque solo sea por unas horas, que ocupa un lugar en el mundo.

Rubik: Antes del salto al largo realizaste seis cortometrajes. ¿Recomiendas pasar por esa fase previa?

Julia Thelin: Para mí ha sido la única forma de entrar en el cine; habría sido demasiada presión comenzar directamente con un largo. En los cortos he trabajado la intuición y la espontaneidad, sin pensar demasiado en el guion, la historia o la forma de rodar. También he podido utilizar mi entorno o hablar de experiencias personales, pero llega un momento en que eso se agota y quieres explorar nuevos universos.

Gracias a los cortos, encontré un método, una forma de sentirme por dentro cuando escribo. Pero convertir eso en un largometraje fue un reto, porque tuve que profundizar mucho más en cada personaje y construir toda la historia a partir de ellos.

Rubik: ¿Algún aprendizaje que hayas utilizado específicamente para The Patron?

J.T.: Con Sorry Not Sorry (2019), un cortometraje que transcurre en un barco, me di cuenta de lo complicado que es rodar sobre el agua. Ahora he vuelto a hacerlo para el largo, aunque esta vez ya había aprendido un par de cosas.

Igualmente, animaría a cualquiera a lanzarse, porque las soluciones aparecen en el camino. No puedes tenerlo todo planificado o pensado antes de rodar, es algo que vas descubriendo mientras avanzas.

Rubik: Has escogido el mundo del arte como escenario para tu película…

J.T.: Había probado muchos entornos y situaciones, pero el mundo del arte era completamente nuevo para mí. Suelo hacer películas para investigar algo específico que me fascina.

‘The Patron’ (Foto: Johan Hannu)

Rubik: ¿Cómo explicarías el proceso de investigación?

J.T.: Para Tweener (2018), un corto sobre dos chicas que practican lucha libre, pasé muchísimas horas asistiendo a entrenamientos de adolescentes y niños porque me llamaba la atención cómo aprendían a relacionarse con sus cuerpos y lo que significaba ese deporte.

Con The Patron he hecho lo mismo: he asistido a muchos eventos artísticos, exposiciones y visitas guiadas a museos. Normalmente me gusta profundizar mucho en un mundo y documentarme de esa manera. A partir de ahí empiezo a construir una historia: es una forma muy agradable de trabajar.

Rubik: Antes del film, ¿cuál era tu vínculo con el arte?

J.T.: Siempre me ha intimidado bastante. Me interesaba, pero sentía que no pertenecía a ese mundo y me costaba acercarme a él. No sabía cómo hablar de arte, cómo expresarme, cómo aprender a desarrollar mis propias opiniones. Creo que ese conflicto interno fue lo que me impulsó a hacer la película.

Rubik: La protagonista tiene una relación muy particular con ese universo.

J.T.: Ella conecta con el arte de manera intuitiva, generando opiniones propias, pero no ocupa una posición donde la gente la escuche o donde pueda expresarse. Creo que ese era también mi conflicto. Al crear a la protagonista, que además construye una identidad alternativa para ella misma, sentí que podía tener mi propia opinión.

Rubik: ¿Qué ocurre cuando ahora vas a museos o exposiciones?

J.T.: Que puedo relajarme: ya no estoy investigando y no tengo que pensar constantemente en la película. Pero, además, puedo disfrutar de la experiencia. Siento que he encontrado mi propio lugar en relación con la forma en que otras personas expresan su oficio. Y eso es fantástico, porque me da una posición mucho más sólida y una visión más asentada del mundo.

Rubik: ¿Crees que el elitismo que retratas también es aplicable al mundo del cine?

J.T.: Creo que puede aplicarse a muchos ámbitos, especialmente a los culturales, pero también a otros, como el financiero o cualquier entorno al que no hayas tenido acceso porque no creciste en él.

En el caso del campo artístico, es especialmente evidente porque el valor depende mucho de quien lo contempla. El valor está en los ojos de quien mira, y si quien mira es una persona con poder y estatus, el valor aumenta; en cambio, si es alguien sin ese reconocimiento, deja de existir.

Rubik: ¿De dónde nace la voluntad de trabajar ese juego de identidades?

J.T.: La idea principal surgió de otro corto donde una chica que quiere formar parte de un grupo de chicos termina atrapada por esa dinámica y tiene que liberarse. Había muchos elementos de esa situación que me llamaban y que podía utilizar para hablar de temas que me importan.

Además, durante la investigación tuve una fantasía: ¿qué pasaría si alguien se acercara a mí en un museo y me ofreciera una visita guiada? Yo aceptaría encantada, me parece una situación divertidísima. Lo que realmente me interesaba era preguntarme quién tiene la autoridad para hablar sobre arte.

‘The Patron’ (Foto: Johan Hannu)

Rubik: La película gira en torno a un triángulo. En este sentido, The Patron me recordó a autores como Dolan, Godard o Bertolucci, que los han utilizado en su obra. ¿Por qué siempre una chica y dos chicos, y no a la inversa?

J.T.: Es curioso, porque la imagen de una mujer situada entre dos hombres resulta muy fascinante. En las películas a las que haces alusión, normalmente es un hombre el que entra en una pareja ya formada o en una amistad previa.

Aunque me gustan todas esas películas, la que realmente fue una inspiración para mí fue Jules et Jim de Truffaut. Al principio, la protagonista de The Patron miente porque necesita recuperar una cierta sensación de poder; existe una necesidad de afirmarse y fortalecerse.

El hecho de ser adorada por dos hombres puede parecer un ideal, pero también puede convertirse en una situación amenazante, y eso me parecía muy útil. Con un chico y dos mujeres no se habría generado la misma dinámica, habría sido otra historia completamente distinta.

Rubik: ¿Qué ocurre cuando ponemos a un hombre en el centro?

J.T.: Que esas mujeres suelen estar menos desarrolladas. Pienso en Austin Powers o James Bond, donde ellas aparecen únicamente como objetos sexuales o definidas por su relación con el protagonista masculino.

Rubik: ¿Y con los hombres de The Patron?

J.T.: Durante el proceso pensé mucho en ello. Hubo momentos en los que pensaba: “Dios mío, hay muchísimos hombres en esta película”. Pero también necesitaba sentir empatía por ellos, porque en cierto modo los había creado como antagonistas.

Rubik: Viendo The Patron puedes pensar en Östlund, Haneke o Vinterberg. Pero… ¿Quiénes son realmente tus influencias?

J.T.: Obviamente he visto sus películas y me han aportado mucho. Funny Games me parece especialmente brillante. Creo que está extraordinariamente escrita y me inspiró mucho. Aunque en realidad fue mi director de fotografía, Johan Hannu, quien me la recomendó cuando ya tenía casi toda la historia escrita, por lo que no influyó en el planteamiento original.

Lo que más me interesó fue esa forma tan sistemática de generar presión a través de los personajes; eso sí que me ayudó a la hora de escribir el guion.

Rubik: El personaje de Carla Sehn es muy complejo. ¿Crees que el público va a sentir empatía o, por el contrario, la va a juzgar?

J.T.: Creo que habrá reacciones de todo tipo. Una de las primeras que recibí fue en Róterdam, mientras presentaba el proyecto a varios productores. En un momento dado, delante de todo el mundo, nuestro tutor soltó: “Entonces, ¿la película va de una chica privilegiada, aburrida y mentirosa?” La frase me acompañó durante mucho tiempo. Me preguntaba constantemente si realmente era eso lo que estaba haciendo.

‘The Patron’ (Foto: Johan Hannu)

Rubik: Resulta interesante cuando despiertas emociones tan dispares en la audiencia.

J.T.: Algunas personas conectarán con la protagonista, otras con los temas que plantea. También hay cuestiones existenciales muy profundas sobre el arte: quién tiene derecho a decir quiénes somos, cómo nos define la mirada de los demás… Cuando alguien se reconoce en la película, me hace muy feliz, porque significa que hay otra persona que siente algo parecido a lo que yo sentía.

Por otro lado, habrá quien piense que la protagonista está montando un drama, y eso ocurre a menudo cuando planteas una perspectiva femenina: hay gente a la que, sencillamente, no le interesa.

Rubik: ¿Nos podrías decir algún cineasta contemporáneo que te interese especialmente?

J.T.: Llevo tantos años viendo cine de Lars von Trier, el danés loco… Me encanta, aunque ya estoy un poco cansada de citar siempre los mismos nombres. Carla lo tendría clarísimo: ella ama a Jane Campion. Pero tengo uno: Lukas Moodysson, el director de Fucking Åmål (1998). Sí, es un cineasta sueco que realmente me inspira.