El cine, como manifestación artística, ha sabido ser un reflejo de la corriente estética y de pensamiento de cada época, incluyendo los movimientos vanguardistas que revolucionaron la pintura, la literatura y la filosofía. Uno de los más subversivos e influyentes fue el surrealismo, un movimiento nacido del deseo de liberar la mente de las ataduras de la razón y abrazar el sinsentido onírico, surgido tras una época de extremo sufrimiento colectivo como fue la I Guerra Mundial. Por Miguel Varela.

El impacto de la corriente surrealista en el séptimo arte ha sido inmenso, dando lugar a obras que desafían la lógica convencional y transportan al espectador a universos oníricos, donde el tiempo y el espacio se desdibujan y las imágenes, como sucede con los sueños, danzan y se entremezclan al tiempo que se alejan del corset de la realidad.
Cabe comenzar explicando que el surrealismo como corriente se constituye oficialmente en la Francia en 1924 con la publicación del «Manifiesto Surrealista» de André Breton. Su premisa principal era la exploración de los sueños, el subconsciente y lo irracional como una vía para alcanzar una verdad superior. Influenciado por el dadaísmo y la teoría psicoanalítica de Freud, este movimiento buscaba romper con las normas establecidas y explorar los recovecos más oscuros y profundos de la psique humana.
El cine, con su capacidad para manipular el tiempo, el espacio y la narrativa, se convirtió en un medio ideal para plasmar las inquietudes de esta nueva corriente vanguardista. A través de imágenes incongruentes, yuxtaposiciones inesperadas y una estructura fragmentaria, los cineastas surrealistas desafiaron las convenciones narrativas y sumergieron al espectador en experiencias cinematográficas sin precedentes.
Tal vez el máximo exponente del surrealismo en el cine contemporáneo haya sido el protagonista del artículo anterior, David Lynch, pero hay muchos otros que merece la pena destacar. Repasamos, a continuación, algunos otros directores cuya obra ha estado influida en buena medida por la vanguardia surrealista.
Primeros exponentes del cine surrealista
El primer filme con influencias surrealistas fue La caracola y el clérigo (1928), de Germaine Dulac, con guión de Antonin Artaud. No obstante, la obra que sentó las bases del género y se convirtió en su máximo exponente fue Un perro andaluz (1929) dirigido por Luis Buñuel y con guion coescrito junto a Salvador Dalí. Con imágenes icónicas como la famosa escena del ojo seccionado por una navaja, esta película es una sucesión de cuadros oníricos que exploran los recovecos más perturbadores del subconsciente.
Buñuel continuó su carrera con La edad de oro (1930), donde el surrealismo adquiere un carácter más combativo, cargado de crítica hacia la sociedad burguesa y la religión. Otros artistas contemporáneos que se adentraron en esta corriente fueron Jean Cocteau con La sangre de un poeta (1930), quien, aunque rechazado por el el grueso de representantes ‘oficiales’ de la corriente surrealista -aunque el autor explicaría que esas diferencias se debían, más bien, a contrariedades amorosas-, supo plasmar en su cine la esencia de la experimentación y lo irracional.
Surrealismo y cine experimental
A partir de la década de 1940, figuras como Maya Deren llevaron el surrealismo hacia terrenos más experimentales. Su filme Meshes of the Afternoon (1943) es un viaje hipnótico donde el tiempo se fragmenta y repite, creando una atmósfera onírica que explora la identidad y la percepción de la realidad. Su innovación en el montaje, la narrativa en forma de bucle y el uso del simbolismo han influido en generaciones de cineastas experimentales.
Kenneth Anger, con Fireworks (1947), dotó al surrealismo de una carga erótica y transgresora, explorando la identidad queer a través de imágenes cargadas de simbolismo y una narrativa fragmentada. Su obra, que está considerada una de las primeras películas de temática homosexual, sirvió de inspiración para una gran cantidad de títulos de cine reivindicativo y underground de los años posteriores.

Influencia del surrealismo en el cine de animación
El surrealismo también ha dejado una marca significativa en el cine de animación. La libertad creativa que ofrece este medio ha permitido a los cineastas explorar mundos oníricos y narrativas no convencionales. Un ejemplo destacado es La planète sauvage (1973), una película de animación francesa dirigida por René Laloux. La trama se desarrolla en un planeta donde los humanos son tratados como mascotas por una raza de gigantes azules llamada Draag. La estética surrealista y la narrativa alegórica de la película la convierten en una obra emblemática del género.
También podemos citar en este campo al autor checo Jan Švankmajer, que destacó con su particular forma de representar lo onírico y lo grotesco a través de la técnica de stop-motion. Su obra Alicia (1988) transforma el clásico cuento infantil en una experiencia perturbadora y completamente alejada de la dulzura de la versión de Disney.
Del mismo modo, Paprika (2006) de Satoshi Kon, aborda la línea entre los sueños y la realidad con una fluidez visual fascinante, utilizando la animación para plasmar la fragilidad de la memoria y la identidad. Kon, como varios de sus contemporáneos, exploró el potencial de la animación para materializar visiones oníricas de manera que el cine de acción real a menudo no puede igualar. Temas que el autor japonés volvería a poner de manifiesto en la obra maestra Perfect Blue (1997), en la que sueño y realidad se entrecruzan del mismo modo para la protagonista de la película y el espectador, dando lugar a una historia angustiosa y asfixiante en la que nada, en el camino a la fama de la joven Mina, es lo que parece.
En el ámbito del cine de animación actual, la obra de Phil Tippett, con su filme Mad God (2021), retoma la estética y las temáticas surrealistas con una inquietante fusión de stop-motion y efectos visuales de pesadilla. Mad God es un viaje hipnótico a un mundo caótico y perturbador, habitado por criaturas grotescas y paisajes desolados, que recuerdan la visión apocalíptica de una mente delirante. Tippett, maestro de los efectos visuales, tardó décadas en completar este proyecto, logrando una obra que fusiona la técnica artesanal con un contenido simbólico y filosófico de enorme profundidad. Su exploración de la decadencia, el miedo y la metamorfosis corporal lo vincula directamente con el legado del surrealismo cinematográfico.
A destacar también en este apartado, la reciente y muy notable The Shivering Truth una serie de animación en stop-motion creada por Vernon Chatman que explora lo absurdo, lo inquietante y lo onírico a través de una narrativa fragmentada y caótica. Una aventura surrealista donde los episodios funcionan como una serie de viñetas interconectadas que desafían la lógica convencional, evocando la sensación de un sueño febril o una pesadilla en constante evolución.

Legado y Pervivencia del Cine Surrealista
Aunque el auge del cine surrealista se dio en las primeras décadas del siglo XX, su influencia perdura hasta nuestros días. Cineastas contemporáneos, cada uno con su estilo particular, continúan explorando técnicas y temáticas surrealistas para desafiar las convenciones narrativas y estéticas.
Por ejemplo, podemos citar David Cronenberg, un autor que ha explorado el surrealismo desde el horror corporal en filmes como Videodrome (1983) y La mosca (1986), donde el cuerpo humano se transforma de manera grotesca y simbólica, reflexionando sobre la identidad, la alienación o la monstruosidad del ‘yo’.
Cineastas como Yorgos Lanthimos con Langosta (2015) y El sacrificio de un ciervo sagrado (2017) han llevado el surrealismo a un nuevo nivel, utilizando lo absurdo y lo irracional como una herramienta para analizar la condición humana. De hecho, la obra del cineasta griego, deforma las relaciones interpersonales establecidas tales como la familia o la pareja hasta hacerlas parecer un hecho surrealista en si mismo.
También cabe destacar en el cine de este siglo a Charlie Kaufman. Su cine desafía constantemente las estructuras narrativas convencionales y explora los límites de la identidad, la memoria y la percepción de la realidad a través de premisas absurdas y metafísicas. Sus guiones, como Cómo ser John Malkovich (1999), El ladrón de orquídeas (2002) o Synecdoche, New York (2008), construyen mundos en los que la lógica onírica reemplaza a la tradicional, generando escenarios donde lo irracional y lo simbólico tienen tanto peso como lo tangible. Sus personajes suelen estar atrapados en laberintos mentales o existenciales, lo que refleja una perspectiva profundamente subjetiva y desorientadora.
Por otro lado, el cine latinoamericano moderno ha adoptado algunas de estas influencias en películas como La casa lobo (2018) de Cristóbal León y Joaquín Cociña, un filme chileno de animación que juega con la distorsión de la realidad y la narrativa onírica para componer un mundo terrorífico y, a la vez, tan terroríficamente indescifrable como atractivo.
El cine de Ari Aster, en películas como Midsommar (2019), y de Robert Eggers, en The Lighthouse (2019), muestra una clara influencia del surrealismo al sumergir al espectador en experiencias cinematográficas que exploran lo irracional, lo simbólico y lo perturbador para sus personajes, que suelen seguir una senda que les zambuye en la locura a través de imágenes que se instalan en su subconsciente.
El espectador, que es conducido a través de estas historias desde el punto de vista de sus protagonistas, termina en muchos casos asimilando de forma irremediable las creencias y experiencias vividas por estos personajes como reales y consecuenciales pero una duda surge al finalizar el metraje. ¿Dónde comienza lo real y termina la fantasía? La respuestas a las preguntas surgidas tendrán, casi con total seguridad, la misma concreción que uno es capaz de enarbolar cuando trata de describir linealmente el sueño que ha tenido en la última noche.