Al margen de nuestra charla con Carla Simón, que ya hemos publicado en RUBIK, hablamos en el Festival de Cannes con la protagonista de La Tarara (Ingrid García-Jonsson) y una de sus estelares compañeras de reparto (Eugenia Silva), con los realizadores de La Llama (Pau López y Gerardo del Hierro) y con el productor de Flamenco (Óscar Romagosa), los tres nuevos cortometrajes de la iniciativa. Por Álvaro Gómez Illarramendi

En el Festival de Cannes, entre alfombras rojas y estrenos a gran escala, también hay espacio para las formas breves capaces de condensar una visión de país. Ese es precisamente el espíritu de Where Talent Ignites, la nueva iniciativa internacional impulsada por Audiovisual from Spain del ICEX, que reunió en la Croisette tres cortometrajes firmados por algunos de los nombres más estimulantes de la creación española contemporánea: La Tarara de Nicolás Méndez, La Llama del estudio creativo TURBO y Flamenco de Carla Simón.
Más allá de funcionar como escaparate internacional, la campaña propone una lectura transversal del talento español actual: cine, diseño, moda, música, arquitectura y animación dialogan aquí desde una lógica híbrida y profundamente contemporánea.
Una idea que también sobrevoló las conversaciones mantenidas en Cannes con parte de sus protagonistas, quienes coincidieron en señalar que el audiovisual español vive un momento de especial efervescencia creativa.
La Tarara: moda, humor y libertad creativa
El cortometraje La Tarara, dirigido por Nicolás Méndez, mezcla ficción, videoclip, publicidad y moda con una naturalidad que responde tanto al ADN de la productora Canada como al propio espíritu de la campaña. La ternura de su trama central (la relación entre tía y sobrino) se acompaña de una gran sofisticación visual y musical.
Para Ingrid García-Jonsson, participar en el proyecto fue precisamente una oportunidad para explorar territorios menos rígidos de la interpretación. En Cannes definía el rodaje como “un regalo”, no solo por compartir pantalla con nombres como Bárbara Lennie, Aarón Piper o Palomo Spain, sino porque el formato corto permite “trabajar de otras maneras” y asumir riesgos creativos difíciles de encontrar en producciones más convencionales.
La actriz insistía en que el cortometraje favorece la experimentación porque elimina parte de la presión industrial asociada al resultado final.
Ese espíritu híbrido atraviesa toda la pieza. García-Jonsson señalaba que La Tarara incorpora deliberadamente elementos del videoclip y de la publicidad, pero filtrados desde una mirada más autoral. Relacionaba, además, esa mezcla con el propio lema de la iniciativa. El “encender la mecha” pasa, decía, por probar cosas nuevas y por combinar elementos que, sobre el papel, quizá no deberían funcionar juntos.
Uno de los aspectos más interesantes de la conversación fue su reflexión sobre el humor. La actriz defendía que la comedia puede viajar internacionalmente incluso cuando los códigos culturales cambian. Más que entender cada referencia concreta, el espectador percibe el tono, la energía y la voluntad lúdica de la pieza. En su opinión, introducir humor en un universo tradicionalmente asociado al elitismo, como la moda, ayuda a volverlo más cercano y humano. Su personaje, explicaba, comienza desinteresado por la moda, pero acaba apropiándose simbólicamente del vestido que lleva: “no es solo de la diseñadora, sino mío”. La moda aparece así no como objeto de exclusividad, sino como herramienta de expresión individual.
Esa lectura conecta directamente con la visión de Eugenia Silva, cuya participación en La Tarara adquiere un significado especial por su trayectoria a caballo entre moda y audiovisual. Silva describía el rodaje como una experiencia profundamente colectiva, casi “como estar en un campamento”, donde lo más importante fue la sensación de compañerismo y apertura entre perfiles procedentes de mundos distintos. Destacaba especialmente la generosidad de los actores y la atmósfera creada durante la gran escena coral acompañada por música en directo.

Más allá de la experiencia concreta del rodaje, Silva aportaba una lectura muy clara sobre el momento del audiovisual español. Según ella, España “no tiene nada que envidiar” a otros países en moda, diseño o cine; el verdadero desafío está en aprender a comunicar ese talento hacia fuera. Ahí situaba el papel fundamental de iniciativas como Audiovisual from Spain, capaces de ofrecer “el pequeño empujón” internacional que muchas veces necesita el sector creativo español.
La Llama: una celebración colectiva del diseño español
Si La Tarara explora la mezcla entre géneros audiovisuales, La Llama lleva esa idea al terreno visual y artesanal. El cortometraje de animación tradicional dirigido por TURBO —el dúo formado por Pau López y Gerardo del Hierro— funciona como una gran cápsula de creatividad colectiva construida a partir de decenas de voces distintas.
La producción reunió a más de treinta artistas durante dos meses y medio para realizar cinco minutos de animación dibujada íntegramente a mano y sin utilizar inteligencia artificial. Los directores explicaban que el proyecto nació gracias a la colaboración entre Apartamento y la productora Wirecord, con la intención de construir una especie de “catálogo visual” del diseño español contemporáneo.
La metodología de trabajo fue tan importante como el resultado final. Cada artista intervenía sobre diferentes “habitaciones” o espacios visuales del corto, generando una pieza deliberadamente coral y cambiante. La cosmonauta protagonista fue diseñada por Jaime Hayon, mientras que la secuencia final —una caída visual donde los estilos cambian cada pocos fotogramas— se construyó dejando libertad absoluta a los participantes. Los realizadores enviaban la animación en bruto y los artistas devolvían sus propuestas sin apenas revisiones ni correcciones.

Durante la conversación, Pau López insistía en que el cortometraje funciona casi como una llamada a la acción colectiva. Hablaba de cómo muchas veces los artistas sienten que la creatividad pertenece solo a unos pocos “elegidos”, cuando en realidad cualquiera puede generar algo valioso. La idea de los “bellos errores” presentes en el guion resume bien esa filosofía: asumir el fallo como parte natural del proceso creativo y entender la creación como algo accesible, imperfecto y profundamente humano.
La reflexión derivó inevitablemente hacia el momento cultural español actual. Tanto López como Del Hierro perciben una creciente confianza dentro de la industria creativa española. Mencionaban la fuerte presencia nacional en Cannes —con películas seleccionadas y numerosos proyectos en distintos programas del festival— como síntoma de un cambio de mentalidad: abandonar definitivamente la idea de que “lo de fuera es mejor”.
Para ellos, España empieza por fin a reconocerse como referencia cultural también en ámbitos como la arquitectura, el diseño industrial o la animación.
Flamenco: la energía humana como núcleo del cine
La tercera pieza de la campaña, Flamenco, añade otra dimensión al proyecto: la relación entre tradición, modernidad y emoción colectiva. El productor Óscar Romagosa aprovechó su conversación en Cannes para reivindicar una idea poco habitual en los discursos de industria: el productor también forma parte del talento creativo.
Romagosa lamentaba que la producción siga percibiéndose muchas veces únicamente como gestión económica o financiera. Frente a esa visión, defendía un modelo de productor involucrado desde el origen conceptual de la obra, acompañando al director en la construcción de significado. En el caso de Flamenco, explicaba que el proyecto comenzó a tomar forma en conversaciones muy tempranas con Carla Simón sobre cómo abordar la música desde una perspectiva contemporánea y culturalmente relevante.

El productor relataba además cómo la cineasta encontró en figuras como Rocío Molina una forma de expresar tensiones muy presentes en la sociedad actual: tradición frente a progreso, raíces frente a transformación social. Para Romagosa, el verdadero objetivo no era simplemente hablar de flamenco, sino utilizarlo como vehículo poético para lanzar preguntas sobre los cambios culturales contemporáneos.
En plena discusión global sobre automatización y nuevas herramientas digitales, Romagosa reivindicaba “la magia del cine” como algo esencialmente humano: la energía compartida entre las personas delante y detrás de la cámara. Contaba incluso que insiste en que todos los miembros de sus equipos —incluidos abogados o perfiles aparentemente alejados del proceso creativo— lean los guiones para comprender qué historia están ayudando a construir.
En el fondo, las tres piezas reunidas en Where Talent Ignites comparten precisamente esa idea: el talento no aparece de forma aislada, sino cuando distintas disciplinas, generaciones y sensibilidades entran en contacto.
Y quizá ahí reside la principal virtud de la iniciativa impulsada por ICEX: presentar el audiovisual español no solo como una industria competitiva, sino como un espacio creativo vivo, colectivo y cada vez más seguro de su propia voz.