Con el estreno de Ruido (2025), la directora Ingride Santos y el productor Toni Carrizosa presentan el retrato de una joven que encuentra en el freestyle un espacio para expresarse en un momento complicado de su vida. La película aborda las tensiones del día a día que surgen entre lo que uno desea y lo que el entorno espera, y cómo la creatividad puede convertirse en una forma de resistencia, explorando las fisuras familiares, las expectativas sociales y la búsqueda de una voz propia. Por Fer S. Carrascosa.

Para conocer mejor el origen del proyecto, el trabajo con el reparto y el proceso de construcción de este universo, Rubik conversa con su directora y su productor.
Rubik: El arco interno de Lati en la película es tan importante como su evolución en el freestyle. ¿Cómo trabajaste la construcción emocional de la protagonista para equilibrar ambas batallas, la del escenario y la interior?
Ingride Santos: Lati ha seguido el camino marcado, en parte por la situación, una madre sola tirando del carro, y también porque intuye que, en el fondo, todos llevamos un wannabe dentro, sobre todo a esas edades, y lo más sano es no fliparse demasiado.
La película transita en ese momento en el que uno quiere coger carrerilla y echar a volar pero sabe que no debe despegar demasiado los pies del suelo. Sumado a esa mirada entre desconfiada y realista, me interesaba que Lati fuese creciendo y ocupando su espacio en tanto que adulta a partir de la ausencia del padre. La chaqueta y su pasión por el soul de Mali son al fin y al cabo las causantes tanto del viraje de Lati como del de su madre.
Rubik: Como productor, ¿qué te atrajo del proyecto y qué elementos consideraste imprescindibles de preservar para garantizar que la voz de la directora se mantuviera intacta?
Toni Carrizosa: La verdad es que me atrajo la propuesta desde el inicio y el entusiasmo con que Ingride y Lluís contaban la historia. Luego para mi fue un plus tener la oportunidad de hacer una película que va más allá del entretenimiento. Poder poner en el primer plano a una actriz española negra que no tiene acento de otro lugar, que no tiene sueños ni objetivos diferentes a los que pudiera tener cualquier otra chica española que le gusta la música, me pareció que valía la pena apoyar este proyecto.
Aunque no ocultaré que siempre hemos soñado con hacer una película que pudiera llegar a un gran público nunca fue una condición indispensable y sabíamos que era muy complicado. Al final salimos a luchar a una palestra llena de estrenos, en un momento muy complicado y sin el presupuesto en promo que hubiéramos podido tener de contar también con el apoyo de alguna televisión pública. Pero no pudo ser y lo vamos a luchar igual, eso seguro.
En cuanto a preservar la voz de la directora, creo que ha sido total. Ella decidió la versión final del guión, ella ha elegido todo el casting, incluso ha hecho el corte final de montaje. Teníamos claro que Ruido debía ser una película de autora y honestamente, nadie tenía más esta película en la cabeza que ella misma.
En un momento del montaje quizás desde producción intentamos llevar a la película hacía una propuesta más comercial, pero honestamente no creo que eso hiciera la película mejor ni que lo hubiéramos conseguido. Al final en una peli de estas características, el carácter y la mirada es lo que marcan la diferencia, y eso solo se lo podía dar Ingride.

Rubik: La relación entre Lati y su madre parece ser uno de los núcleos dramáticos de la película. ¿Qué decisiones narrativas tuviste que tomar para reflejar esa tensión familiar sin caer en estereotipos?
I. S.: Aminata es una mujer atrapada en varias crisis a la vez, algo tan común como los deseos de triunfar que tiene su hija veinteañera. Esos dos ejes, la madre que sostiene demasiado y la hija que quiere abrirse camino, junto con un ingrediente inevitable en cualquier relación madre-hija, el amor incondicional lleno de fricciones, son la base de su vínculo.
Diría que, más que huir de estereotipos simplificadores, fuimos a por un arquetipo de alcance más universal.
Rubik: ¿Qué decisiones de producción fueron clave para construir un entorno que reflejara fielmente esta escena cultural?
T. C.: Creo que la película bascula entre la realidad y la ficción, y siempre fue la apuesta de la directora. Mientras que hay escenas muy realistas como la batalla de Sants, donde prácticamente toda la figuración son los habituales de estas batallas, otras son algo más ficcionadas como la batalla final.
La idea nunca fue hacer un documental sobre la escena urbana sino contar una historia de superación. Como tantas otras películas si se miran con el ojo de un experto en la materia se puede llegar a la conclusión de que la realidad no es así. Y no lo es, obviamente, pero al mismo tiempo creo que hay mucha más verdad en esta película que en otras que han tratado temáticas parecidas.
Y eso va desde la localizaciones, a los personajes secundarios, los letristas y la propia protagonista, Lati, que es una persona bastante cercana en muchos aspectos a su personaje en la película.
Rubik: ¿Cómo abordaste la creación del personaje de Judy, que sirve como mentora de Lati, y su dinámica con la protagonista para que fuera creíble?
I. S.: Incluso en las fases más avanzadas de la película, siempre pusimos la verosimilitud en el centro, y Judy es real 100%, así que partíamos con esa ventaja. Su personaje encarna a esas defensoras abnegadas de la pureza del rap, especialmente de lo que está fuera de la norma, lo misfit. Representa, de algún modo, el esencialismo del R-A-P: la mirada crítica frente a una industria que, igual que ha sacado de la calle a gran parte de la escena, también la ha corrompido a base de patrocinios y otras dinámicas.
Judy se convirtió enseguida en el contrapeso perfecto para alguien como Lati, una rookie sin contactos ni padrino, con ilusiones tan grandes como su ingenuidad de debutante. En resumen, la amiga que cualquiera querría tener en las buenas y, sobre todo, en las malas.
Rubik: ¿Cómo gestionaste la logística y el presupuesto a la hora de combinar las escenas más íntimas con otras de carácter más enérgico sobre el escenario?
T. C.: Pues esto ha sido un milagro que se ha podido hacer gracias al buen hacer y esfuerzo de todo un equipo. Empezando por la propia Ingride que supo desde el principio en qué condiciones se podría tirar adelante esta película y las aceptó sin quedarse ni una sola vez, al contrario, siempre con una actitud positiva y buenrollera por poder llevar adelante por fin su ópera prima. Y también gracias a que hemos podido contar en este rodaje con profesionales de primer nivel que se han adaptado a estas condiciones tan ajustadas, supongo que por una mezcla de amistad y amor hacia el proyecto.
Han sido claves el buen hacer de Maria Sard (Productora Ejecutiva), Beatriz Sastre (DoP), Chloé Rosell (Ayudante de Dirección), Joana Filella (Directora de Producción), Fernanda Gascón (Montadora)… en fin, en realidad todo el mundo ha hecho un trabajo excelente y esta peli existe gracias a ellas.
Rubik: El freestyle tiene una energía muy particular. ¿Qué retos supuso dirigir escenas de batallas y capturar su espontaneidad sin perder la precisión cinematográfica?
I. S.: Para mí era importante desprenderme de la ecuación ‘rap = calle = crudeza “fea”’. No se trataba de romantizar nada, pero sí de mirar ese mundo sin prejuicios y permitir que su energía encontrara una forma cinematográfica propia. La clave no era embellecerlo, sino revelar la belleza que ya tiene y que a menudo el cliché se empeña en negarle.
Las batallas de freestyle tienen una espontaneidad eléctrica, y el reto fue captarla sin domesticarla: acompañar el caos, pero con una precisión de puesta en escena que respetara su verdad.

Rubik: ¿Hubo algún reto particular durante el rodaje en lo referente por ejemplo a localizaciones, sonido, tiempos, permisos, etc. que marcara la producción de Ruido?
T. C.: Seguramente uno de los grandes retos fue poder conseguir rodar realmente en México DF porque se nos cayó la mayor parte de la financiación que teníamos prevista desde allí. Creo que acertamos tomando la decisión de rodar los interiores de las escenas finales de la película en España e ir allí a rodar los exteriores.
De otra manera hubiera sido inviable. Uno siempre tiene la duda de si al final casará bien una cosa con la otra, e Ingride seguramente es la que más inseguridades tenía al respecto, pero afortunadamente salió muy bien.
Rubik: ¿Cómo fue el proceso de investigación y documentación para representar el mundo del rap y las batallas de freestyle de forma auténtica y respetuosa?
I. S.: Fue un proceso tan divertido como revelador. Descubrí muy pronto que en la escena las mujeres eran menos que minoría, por suerte, cinco años después eso empieza a cambiar, y también descubrí lo bien que me acogían los chavales, aunque yo llegara como una pureta de treinta y tantos con los ojos como platos ante ese lanzarse rimas como puñales. Me trataron tan bien que buena parte de la escena aparece en la batalla de Sants.
En México no conocía a nadie en persona, pero aun así conseguimos reunir a una representación estupenda, más allá de Lobo Estepario, que allí es prácticamente una celebridad.