Manolo Limón (imagen cortesía de Julio Vergne)

Manolo Limón: “Cuando una directora lo tiene claro, es fácil adaptar el guion a la realidad del rodaje”

agosto 5, 2026
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Al hilo del lanzamiento de nuestro nuevo anuario APCE, entrevistamos a un recientemente premiado director de producción. El último Premio Carmen a la mejor dirección de producción fue a parar a las manos de Manolo Limón por su trabajo en Los Tortuga, la película de Oberon Media, La Claqueta PC, La Cruda Realidad y Quijote Films dirigida por Belén Funes. Hemos hablado con él para conocer los detalles de esta producción desarrollada entre Barcelona y Jaén. Por Nerea Méndez Pérez

Manolo Limón (imagen cortesía de Julio Vergne)

La película Los Tortuga toma el nombre del apelativo que recibían en Andalucía los emigrantes obligados a llevarse consigo su vida entera a cuestas. Delia (Antonia Zegers) y Anabel (Elvira Lara), madre e hija protagonistas de esta historia, en cierta manera lo son.

En una relectura contemporánea de este fenómeno migratorio, Belén Funes propone el desarraigo y el duelo como nuevos elementos con los que cargar a cuestas mientras se intenta sobrevivir en una Barcelona que expulsa a las personas de sus viviendas. La familia por parte del padre fallecido son agricultores de oliva en Jaén, lugar al que Anabel se siente muy vinculada. Mientras Delia, “madre soltera, inmigrante y sin nómina”, como ella misma se define en una escena, es natural de Chile.

El director de producción, Manolo Limón, explica que, sin ser una historia autobiográfica, la película “tiene un poco de Belén” en ella. “Su familia es de Jaén y han sido gente muy relacionada con el olivar y el aceite de oliva”, especifica.

Rodaje ‘Los Tortuga’ © Julio Vergne

Para Limón, esta vinculación con la provincia andaluza ha sido una ventaja, porque la directora tiene muchos contactos allí: “Pudimos rodar en los sitios que ella había soñado para el guion, pues pertenecían a su familia o a conocidos de esta”. El productor también dice que fue “muy fácil” adaptar el rodaje a la idea que ella tenía en su cabeza porque los decorados y las localizaciones seguían intactas: “Existen todavía con ese sabor antiguo. No se había renovado nada”.

Uno de los decorados que más se les resistió fueron los interiores de la casa de Anabel y Delia en Barcelona, pero Funes tenía claro el resto de localizaciones en la ciudad catalana. “Cuando un director o directora lo tiene claro y te propone muchas cosas, es fácil adaptar el guion a la realidad del rodaje”, señala Limón.

Las grabaciones comenzaron el 16 de octubre de 2023 en Barcelona y se desarrollaron a lo largo de tres semanas, con un equipo de rodaje formado por 50 personas aproximadamente. A partir del 6 de noviembre se trasladaron a Jaén otras tres semanas.

Entre los retos de trabajar en dos territorios distintos, el director de producción destaca uno en particular: “Adaptar todo el gasto que supone la organización al presupuesto que teníamos, ya que no era uno muy holgado, más bien justo”. También apunta la cuestión de los proveedores locales, ya que Jaén no cuenta con un servicio audiovisual. “Nos lo llevamos todo de Barcelona y Sevilla”, aclara.

“El tema es que hay cosas que no se pueden cambiar una vez que tú arrancas el rodaje, como la cámara y el sonido, que ya estaban configurados y tenían que mantenerse. Entonces, el material de cámara vino desde Barcelona, pero el material de iluminación, dotación y maquinistas lo llevamos desde Sevilla a Jaén”, detalla Limón.

Por otro lado, del rodaje en la provincia andaluza también recuerda las inclemencias meteorológicas, una cuestión que incomodó las labores del equipo de arte en el momento de preparación en Jaén. “Nosotros estábamos rodando en Barcelona y tuvimos dos equipos de arte.

Uno en Barcelona y otro de avance en Jaén. Durante ese tiempo de preparación, llovió varios días y aquellos caminos de tierra se enfangaron y quedaron inhabilitados para acceder con camiones.

Rodaje ‘Los Tortuga’ © Julio Vergne

Tuvimos que hablar con la gente del pueblo y que nos aconsejaran otro tipo de acceso más seguro para que los camiones no se quedaran atascados”, relata Limón y añade que después el tiempo los respetó durante el resto de la filmación.

El pueblo al que hace referencia el director de producción es Santa Elena, un municipio ubicado en las inmediaciones del Parque Natural de Despeñaperros y que recuerda con cariño por la acogida y el trato que recibieron. “Allí hay un hostal, el Mesón Despeñaperros, que lo cerraron para nosotros porque entre actores y técnicos lo ocupamos completamente. Utilizamos este hostal también como una de las localizaciones principales de la película”, explica.

En concreto, destaca dos escenas que tuvieron lugar aquí. La primera es la conversación que la madre y la tía de Anabel tienen en una habitación del hostal, cuyas paredes están decoradas con fotos antiguas de los llamados ‘tortugas’, “gente que se iba del pueblo” y que “se llevaban todo a cuestas”, como explica la tía durante esta secuencia. La segunda tiene lugar inmediatamente después y es el momento en el que Anabel y Delia se marchan del pueblo en el taxi de la madre, con la familia despidiéndose de ellas. “Es una de las escenas más bonitas y más naturales que hay en la película”, según Limón.

Más allá de los accesos al campo y los movimientos dentro de éste, que se reduce a una escena al comienzo de la cinta cuando la familia está recolectando la aceituna y otra al final con la venta de la finca de olivos, “no es una película compleja a nivel logístico”, valora el director de producción.

Rodaje ‘Los Tortuga’ © Julio Vergne

Es una película más de dirección de actores, porque el 80% de ellos no eran profesionales. Casi todos eran gente del pueblo. Gente real con la que se ensayó, pero tampoco mucho, porque Belén quería mantener esa frescura y no contaminarlos”, señala. En este sentido, no se hizo un proceso de casting al uso, pues la directora prefería ver cómo funcionaban. Sentarlos a todos en una mesa italiana sin repasar texto y provocar situaciones y acciones para ver cómo se desarrollaban y formar así una familia.

Hasta tal punto Funes quería mantener la naturalidad que les decía que fueran al rodaje con su ropa de casa, un tema que, en palabras de Limón, “volvió loca” a la encargada de vestuario, Lourdes Fuentes. “Fue a casa de cada uno de los vecinos del pueblo que iba a intervenir en la película para ver sus roperos, porque claro, podía ocurrir que te viniera una persona con una camiseta a rayas o una roja o amarilla”, recuerda divertido el productor.

Si Limón ha de quedarse con una escena que destaque a nivel de producción, coincide con una de las más emotivas del largometraje. Tras tomar la decisión de vender la finca de olivos de su padre, la familia debe arrancar uno enfermo con una grúa para no contagiar al resto de la plantación. Este olivo es donde están enterrados los restos del padre fallecido. “Nosotros no podemos arrancar un olivo vivo ni enfermarlo, pues tardaría meses en hacerlo. Entonces, lo que buscamos fue uno ya enfermo en Jaén, lo quitamos y lo trasplantamos en una zona que nos gustaba para poder arrancarlo”, cuenta el director de producción.

Llovió varios días y varios caminos de tierra se enfangaron y quedaron inhabilitados para acceder con camiones. La gente del pueblo nos aconsejó acceso más seguro para que los camiones no se quedaran atascados”

El reconocimiento que recibió a principios de este año en Granada por su trabajo en esta película admite que le cogió “completamente fuera de juego”. “He estado nominado a los Carmen todos los años desde hace cuatro o cinco y nunca me lo han dado. De pronto, cuando dijeron mi nombre, fue muy bonito y al mismo tiempo estresante. Se me olvidó saludar a un montón de personas y quería salir de allí cuanto antes, porque no soy mucho de hablar delante de gente y no lo tenía preparado”, recuerda Limón de ese momento.

Finalmente, el productor subraya el trabajo y la dedicación de todo el equipo de rodaje, además de agradecer el apoyo al Ayuntamiento de Barcelona y al de la población de Santa Elena, que “nos hicieron las cosas muy fáciles”. La conexión con los vecinos del pueblo fue tal, que la despedida se produjo entre lágrimas porque no querían que el equipo se marchara. “Seguimos yendo al pueblo una o dos veces al año para saludar”, confiesa Limón.

“Cuando hay un buen ambiente de trabajo, una directora y un director de fotografía que lo tienen claro y un equipo compacto y superprofesional, eso hace que las cosas sean mucho más fáciles y la gente se lleve un buen sabor de boca”, concluye el director de producción.