El 15 de febrero de 2025, la Berlinale acogía en su sección Berlinale Classics la proyección de la versión restaurada en 4K -por parte de Mercury Films, en colaboración con la plataforma FlixOlé– de Vestida de Azul. Un documental de Antonio Giménez-Rico que, en 1983, retrató la realidad de seis mujeres trans en la España de la Transición. Tras la proyección charlamos con Nacha Sánchez, protagonista de aquella película de culto. Por Miguel Varela.

Cuatro décadas después, la película de culto Vestida de Azul regresaba en Berlín a la gran pantalla con sendas proyecciones en Akademie der Künste y KLICK Kino con un recibimiento emocionante y un público entregado.
Entre los asistentes, una protagonista muy especial: Nacha Sánchez, una de las pocas supervivientes del elenco original. Su presencia en el evento fue clave para conectar el pasado y el presente, y, como en su estreno original en el Festival de San Sebastián, el público le brindó una ovación de varios minutos. «Cuando termina la proyección, me tengo que sentar para llorar porque no podía más. Impresionante», relataba emocionada tras la proyección. «El público me ha hecho llorar, me ha hecho levantarme y no paraban de aplaudir y aplaudir».
Un documental «maldito» que se vuelve imprescindible
Cuando Vestida de Azul se estrenó en 1983, su impacto fue enorme entre quienes se sintieron representados, pero su reconocimiento en términos generales fue discreto. «Era un documental que pronto se ganó la etiqueta de ‘maldito’. En aquel momento no había atrevimiento para dar la cara y costaba mucho mirar de frente a determinadas historias y problemas sociales», reflexionaba Nacha Sánchez. «Giménez Rico se atrevió, nos lo propuso y simplemente lo hicimos. Sinceramente, creo que nosotras no nos dábamos cuenta de la importancia de lo que estábamos haciendo».
El paso del tiempo ha dado la razón a su relevancia histórica. «En su momento, el reconocimiento fue muy pequeño, salvando excepciones como el gran estreno que tuvo en San Sebastián en 1983. Ahora, que la película se proyecte en Berlinale en 2025, que se le dé el lugar que merece, es maravilloso. Me parece fabuloso que lo que hicimos en los ochenta siga sirviendo para dar visibilidad a las personas trans en la 2025″, afirmaba.

Un proyecto que nació del testimonio directo
La historia de Vestida de Azul es también la historia de su concepción. Originalmente, Giménez Rico quería hacer una película de ficción, pero pronto comprendió que el verdadero valor estaba en las propias experiencias de estas mujeres. «Así fue», confirmó Nacha. «Quiso hacer un largometraje, pero se dio cuenta de que grabar un documental retrataría mejor nuestra realidad y sería mucho más comunicativo».
Sin guion previo y sin experiencia interpretativa de la mayoría de sus protagonistas, la película capturó con naturalidad la vida de estas mujeres. «Fue fácil porque no había mentiras, era nuestra propia vida«, explicó Nacha.
El director se planteó, años después, hacer una segunda parte, pero la realidad de muchas de sus protagonistas lo impidió. «Algunas habíamos sobrevivido, otras no. Muchas cayeron en las trampas de los años 80: drogas, alcohol… Entonces, él decidió que no tenía sentido hacerlo».

Un reconocimiento que llega tarde, pero llega
El eco de Vestida de Azul resuena con fuerza en 2025. En un peligroso contexto global de puesta en duda de derechos sociales conquistados hace décadas y proliferación de los discursos de odio, el documental adquiere una relevancia aún mayor. «Es una lástima que sigamos teniendo que insistir con ciertas luchas. Obras como Vestida de azul, realizada hace 40 años, siguen sirviendo a día de hoy como denuncia social».
Hoy, ella es la única del elenco que sigue dispuesta a dar testimonio. «Hay otra chica que aún vive pero que no quiere saber nada de todo esto, hay que respetarlo. Las demás han fallecido», explicó. «Quedo yo, pero como me gustan estas cosas, aquí estamos y estaremos, dando la cara».
El público de Berlín se puso en pie para aplaudir a Nacha y a Vestida de Azul. Como en aquella proyección cuatro décadas atrás en San Sebastián, la reacción fue arrolladora, a diferencia de la prensa de la época, que fue «muy destructiva». «Lo entiendo. Eran años en los que mostrar lo que hacíamos, lo que nos dejaban hacer, era casi impensable».
Cuatro décadas después, el reconocimiento ha llegado. «Lo importante de todo este camino es que ahora nos damos cuenta de que no somos bichos raros. Que siempre estuvimos aquí y que nuestra historia merecía ser contada«.