DocsValència. Espai de No Ficció se inauguró el pasado viernes 15 de mayo con la proyección de La Pietà, de la pareja creativa de Suica Films Pepe Andreu y Rafa Molès, y se extenderá hasta el sábado 23 de mayo con una programación que pone en valor el talento valenciano y novedades en el área de industria. Este año celebra su 10.º aniversario superando todos los registros anteriores de participación: 46 películas seleccionadas, 78 proyecciones, 10 sedes y más de 37.500 euros en premios. Por Nerea Méndez Pérez

En RUBIK hemos querido hacer un repaso por los 10 años del certamen valenciano conversando con sus fundadores, Pau Montagud y Nacho Navarro, que nos hablan del crecimiento de la industria enfocada al documental en Valencia, la consolidación de los espacios clave del festival, su relación con el aparato institucional para la financiación de festivales especializados y cómo arriesgar con la programación sin dejar de ser fieles a su esencia y a su público.
Rubik: Este año celebráis el 10.º aniversario de DocsValència. ¿Qué balance hacéis de la trayectoria del festival durante esta primera década?
Pau Montagud: La respuesta ha sido muy positiva y estamos muy contentos con el interés que ha despertado el festival en ciertos agentes del documentalismo tanto nacional como internacional. Hay más de 5.500 festivales en el mundo y, de repente, te metes en un ecosistema en el que la oferta es brutal.
Tienes que tener una especificidad porque si no, eres una gota más en el océano. Yo creo que la hemos encontrado y los parámetros de éxito que nos marcamos cuando surgió el festival —involucramiento de la industria, del público y de las instituciones— se han cumplido.
Nacho Navarro: Cuando iniciamos esta aventura, aquí en Valencia había una carencia con el género documental, porque no se veía como un modelo de negocio que se podía exportar más allá de la antigua televisión valenciana.
Vimos que era fundamental poner en contacto a nuestros directores y productores con otros mercados para que las películas creciesen y fuesen más allá de nuestras fronteras, sobre todo a nivel internacional, y creo que lo estamos consiguiendo.
Rubik: ¿Cuál es la apuesta del certamen para este año?
P.M.: Lo primero en la fila siempre es el talento local. Hay muchos festivales en el mundo que para mí son los mejores y siguen esta línea. Apuestan siempre primero por lo local y después tienen un repertorio internacional muy grande. Esta era nuestra apuesta hace diez años y lo es, y con más razón, ahora.
Ir por festivales como Berlín, Venecia o Toronto y seleccionar películas maravillosas me parece fantástico, pero creo que nuestra función es otra. Pienso que nuestra responsabilidad es dar ese primer empujón a las películas valencianas y apoyar el talento y la cinematografía local.
N.N.: Creo que se resume con Marca Valencia, que es lo importante y lo que intentamos exportar. Tener productos para poder venderlos más allá de nuestras fronteras y empoderar a la industria local.
Rubik: Imagino que para ello ha sido clave el desempeño del DocsLab…
N.N.: En Valencia no existía el concepto de industria cuando empezamos a hablar de estas cosas. Hablabas de un pitch y te miraban con cara extraña. O un one-to-one y te decían:»¿Eso qué es?». No se entendía muy bien el concepto de poder juntarte con gente importante para tener otra mirada diferente y acceder a otros mercados distintos.
Esto ha evolucionado hasta el punto de que en esta edición se han presentado 82 proyectos para participar en el taller. Y creo, sinceramente, que es por la calidad de los talleres y de los expertos que vienen. Además, es muy interesante ver cómo las películas que estuvieron hace unos años ya están en las grandes pantallas y en las plataformas.
Rubik: Precisamente, la película que inaugura este año el certamen, La Pietà, pasó por el área de industria…
P.M.: Es un ejemplo de película que ha pasado por el DocsLab y, siendo valenciana, cuenta con coproducción internacional de Islandia (AXfilms). Nos estamos atreviendo a meter propuestas nuevas. Siempre tenemos un porcentaje de riesgo en la programación de películas… No más difíciles, porque odio ese término, porque para mí son las mejores siempre, pero que sabemos que van a tener una repercusión menor en el público, porque están más alejadas del concepto general que se tiene del documental, que se acerca más al documental televisivo. Y este año inauguramos con una propuesta de este tipo.

Rubik: ¿Qué criterios seguís a la hora de seleccionar tanto las películas de la programación como los proyectos que participan en el DocsLab?
P.M.: No nos guiamos por ningún criterio temático a la hora de seleccionar las películas. Si checas la programación del festival, son películas que afortunadamente no tienen nada que ver las unas con las otras. Ni narrativa ni temáticamente.
Es obvio que los festivales de cine documental viven mucho de lo que pasa en la actualidad y está ese estereotipo de que son certámenes de cine social. A nivel internacional, Irán, Ucrania y Gaza es una temática muy constante. O aquí en Valencia lo que pasó con la DANA también es muy constante, pero nunca hay línea temática ni un criterio de programación. Nos guiamos por lo que podemos aportar.
N.N.: Pasa lo mismo en el laboratorio. Muchas veces lo decimos: «No es que sea bueno o malo tu proyecto, lo que pensamos es qué te podemos aportar nosotros». Cuando ya tenemos ese panel de expertos y esos 82 proyectos encima de la mesa, la pregunta es qué podemos aportar a cada una de estas futuras películas.
Rubik: ¿Qué destacáis de los proyectos seleccionados en esta ocasión para el laboratorio?
N.N.: Hay algunos que están en una fase más embrionaria y lógicamente los metemos en la Incubadora, donde tratas más las narrativas y tu relación con el productor, es decir, qué película quieres hacer y cómo vas a llevarte con él para que lleguéis a un punto de encuentro y poder abordar este documental.
Pero la verdad es que la mayoría de las películas están en un estado muy avanzado, porque te encuentras que ya vienen con coproducciones por haber estado en muchos festivales y laboratorios.

Rubik: Una de las novedades del espacio de industria es el taller “Cartografía de un proyecto”. ¿Podéis contarme cómo nace este taller y un poco su funcionamiento?
N.N.: Nace porque han sido tantísimos los proyectos que se han presentado que nos veíamos en la obligación de atenderlos. Entonces, durante dos días hacemos unas asesorías grupales en las que poder intercambiar impresiones y hacer una radiografía más general de los proyectos.
P.M.: Formar una nueva concepción de lo que es la producción creativa de documentales. Estamos acostumbrados a la subvención, a hacer un guion y que un productor crea en mí. Sin embargo, el desarrollo de proyectos va cambiando según las circunstancias de producción —un inversor, un coproductor o una subvención pública— y hay toda una serie de decisiones de producción y dirección que van unidas.
Se trata de crear grandes películas, pero con una mentalidad de producción y de que tus proyectos sean viables. Lo que pretendemos con nuestros talleres es ayudarles a hacer una gran película, por supuesto, pero también darles orientaciones para que tengan una carrera cinematográfica.
Rubik: ¿Creéis que aún falta esa visión de negocio en el ámbito documental?
N.N.: Creo que la gente sale muy formada de las universidades a nivel técnico, pero las películas se tienen que pagar. Entonces, con estos talleres y estas formaciones que llevamos a cabo se dan cuenta de que esto es un negocio. Se topan con la realidad de estar con un Excel continuamente y tener una relación con el productor.
Hasta que no salen de ese ámbito académico y empiezan a convivir con el sector profesional, que para eso están nuestros talleres, no son conscientes de que esto cuesta dinero y hay que pagarlo. Creo que ahí hacemos una buena labor para las nuevas generaciones.
P.M.: En Valencia, hace diez años, se producía con las subvenciones que había aquí, pero ahora se dan cuenta de que con coproducciones internacionales o nacionales la película puede engrosar más y profesionalizarse.
Muchos de los premios están enfocados a eso, a ir a otros festivales para que veas otros mundos, otras formas de trabajar, y que conozcan que hay un mundo exterior de televisiones y otros festivales de industria, que son posibilidades económicas para que el proyecto realmente tenga el presupuesto que se merce y no solo el que te dan las subvenciones regionales.
Rubik: En cuanto a la exhibición de cine documental, es muy popular en festivales y plataformas de streaming pero, ¿notáis que hay una barrera para que las películas lleguen a las salas de cine?
P.M.: Desde luego, porque la maquinaria de promoción es muy injusta. Las salas de cine tienen que cumplir la ley con una cuota de exhibición cinematográfica nacional, pero obviamente una sala de cine comercial va a programar películas que tienen detrás un músculo de promoción más fuerte. Nosotros lo decimos mucho.
Hay que fomentar las ayudas públicas para la producción, por supuesto, pero también para la distribución y la promoción, porque si tengo mucho dinero para hacer una película pero luego la visibilidad es terrible…
Y hay que leer entre líneas eso de que la gente no va a ver documentales. Netflix, por ejemplo, tiene los datos de audiencia que tiene en gran parte a la no ficción, al true crime. Entonces, tenemos que hablar de qué tipo de documental se ve y dónde.
Isabel Arrate, por ejemplo, metió a unas 350.000 personas en salas en el IDFA. O en México, que es un territorio que domino bastante en términos de industria, viene este año Orianna Paz, que es la subdirectora de programación de la Cineteca Nacional de México, y mete millón y medio de personas en salas con cine nacional, ficción y muchísimo documental.

Rubik: ¿Cómo valoráis la relación de los festivales especializados con el aparato institucional?
N.N.: Siempre estás con el miedo de la financiación, porque vas año tras año y necesitas ese respaldo institucional. Las administraciones llevan los tiempos que llevan, que normalmente no son los mismos que tiene un festival. Siempre están con la expectativa de a ver qué puedes hacer al año siguiente.
P.M.: Los festivales especializados siempre tienen esa espada de Damocles encima, porque ofrecemos muchas cosas a las instituciones, pero lo que no ofrecemos es visibilidad. En el sentido de que no tenemos una alfombra roja y te traemos a Angelina Jolie y Brad Pitt o a Javier Bardem y Penélope Cruz, porque nosotros somos un festival de industria. No tenemos esa foto que las instituciones buscan, como ocurre en San Sebastián, Morelia o Málaga, pero te traemos al tipo que más ha influido en el cambio televisivo de los últimos años o al padre del cine contemporáneo.
Rubik: Por último, quisiera preguntaros por vuestras expectativas de cara a la 10.ª edición de DocsValéncia.
P.M.: Me gustaría que la expectativa fuera un poco de vacaciones (risas), pero como no da tiempo, la expectativa de esta edición es afianzar lo que tenemos a nivel nacional y expandirlo a nivel internacional. Ya tenemos varias posibilidades de alianzas internacionales, pero es un proyecto a largo plazo.
N.N.: Creo que uno de los objetivos ya lo tenemos, que es la consolidación. Un festival no se consolida por los años que lleva funcionando, sino cuando tiene la confianza de la industria que lo envuelve. Y creo que esto ya lo hemos conseguido. A partir de ahí lo siguiente es volar.