En su paso por el Festival de Málaga, la directora Violeta Salama presentó Auri, su segundo largometraje, una producción de Inefable Productions (ISII Group) que llegará a los cines el 10 de abril distribuida por Deep Com Roots. La cineasta malagueña comparte una historia íntima sobre identidad, madurez y nuevas oportunidades vitales, construida a partir del guion de Samuel Pinazo. Por Miguel Varela.

Rubik: El Festival de Málaga acogió el estreno de Auri. ¿Cómo has vivido estos últimos días?
Violeta Salama: Para mí supone una ilusión tremenda haber estrenado en Málaga, porque estoy muy vinculada al festival desde que empezó. Presentar aquí es como ‘jugar en casa’, ha sido una ocasión única. Además, en un estreno muy familiar: el guionista es malagueño, con la presencia de parte del equipo… compartirlo así en la primera puesta de largo se agradece muchísimo.
Rubik: La película parte de un guion de Samuel Pinazo. ¿Cómo fue el proceso de hacerlo tuyo?
V. S.: Con Samuel tengo mucha relación, nos conocemos mucho y nos tenemos cariño, así que ya partía de un vínculo personal. El reto era meterme en la vida de otra persona, en algo muy personal para él, pero aportando mi punto de vista. Él quería contar el barrio y la vida de su gente de otra manera, no solo desde el conflicto o la pobreza, sino también desde lo bonito. Y para mí el equilibrio estaba ahí: que la historia que contamos fuese real, pero también darle esa belleza desde la mirada de Auri.
Rubik: El personaje protagonista tiene un componente muy autobiográfico, entonces
V. S.: Claro, está inspirado en la madre de Samu. De hecho, durante parte del desarrollo el personaje tenía su nombre real. Y lo más fuerte es que su familia va a ver la película y no sabe nada… (ríe). Están todos retratados ahí. Va a ser bastante impactante.
Rubik. ¿Cómo fue trasladar esos personajes reales al trabajo con actores?
V. S.: Fue complicado al principio, porque cuando tienes una referencia tan clara tiendes a querer aproximarte mucho. Pero había que buscar una esencia propia. Por ejemplo, Cristina Marcos tenía algo que me fascinaba: esa mirada inocente con 60 años, esa ilusión. Para Auri eso era clave.
Luego Karra Elejalde fue una propuesta de la productora y ha sido increíble verlo salir de su registro habitual, hacer algo más contenido.
Al final, tienes que soltar la referencia real y dejar que el equipo de la ficción enriquezca la historia. Cuando te abres a eso, el resultado crece muchísimo.
Rubik. ¿Qué referentes manejabas para construir la película?
V. S.: La referencia principal era el propio barrio, la realidad, más que otras ficciones. Rodamos en una casa real de protección oficial, con espacios muy limitados, y eso daba mucha verdad a las imágenes.
Pero también queríamos darle un punto de realismo mágico, algo más nórdico. De hecho, había escenas más fantasiosas que al final no entraron en el montaje final, pero esa sensación la mantuvimos con la música y la puesta en escena. El resultado es una mezcla entre lo cotidiano y ese pequeño estado de ensoñación de la protagonista.
Rubik: La película pone el foco en algo que se suele abordar poco en el cine: la vida en la jubilación.
V. S.: Sí, y además desde la perspectiva particular de una mujer. Para muchas mujeres, a los 60 no es un final, sino un inicio. Has pasado por la maternidad, el cuidado, has parado tu vida profesional… y de pronto aparece una libertad nueva.
Es un momento en el que te conoces mejor, en el que puedes empezar cosas que antes no podías. Y creo que eso no está tan contado en el cine y a mi me interesaba hacerlo.
Rubik: También hay un retrato de la frustración generacional, tan presente en la sociedad de hoy en día
V. S.: Totalmente. El hijo -interpretado por Marco Cáceres- con 35 años, siente que debería haber triunfado ya y su rasgo principal es la frustración. Hay una presión social enorme. En contraposición, Auri se libera porque ya no se le exige nada, y eso le da una libertad increíble.
La película habla de romper barreras. También de entender que las parejas deben ser un equipo, que es bueno apoyarse en los momento de dificultad e intercambiar los roles típicos para salir adelante.
Rubik: La cinta no cierra los conflictos, sino que los reubica.
V. S.: Sí, porque me interesaba que no hubiera una ruptura total. Auri no cambia de vida: la amplía. Descubre que puede hacer cosas que antes no hacía —quedar con amigas, apuntarse a actividades…— y empieza a incorporar todo eso.
Su vida continúa, pero desde otro lugar.
Rubik. Auri llegará a los cines el 10 de abril. ¿Qué le dirías al público para que se acerque a las salas a descubrir la película?
V. S.: Es una película que resulta atractiva para todos los públicos, donde todo el mundo puede encontrar un personaje con el que identificarse. Y es, sobre todo, un canto a nuestros padres. También una reflexión sobre el mundo que les estamos dejando. Todo cambia muy rápido y muchas veces no tenemos la paciencia de acompañarles en el proceso. Quizá deberíamos tener con ellos la misma paciencia que ellos tuvieron con nosotros.