Un año más, Cineteca ha acogido la Muestra de Cine Francófono de Madrid, que en esta edición, desarrollada del 19 al 23 de marzo, celebraba su décimo aniversario. Una de las películas incluidas en el programa de esta edición es Une vie rêvée, segundo largometraje del cineasta y guionista francés Morgan Simon, quien estuvo presente en Madrid junto al protagonista de la cinta, Félix Lefebvre. En Rubik, tuvimos la oportunidad de conversar con el director. Por Juan Galarza

A sus 38 años, Morgan Simon cuenta con una sólida trayectoria en el cortometraje, con obras como Essaie de mourir jeune, nominada al premio César, o Plaisir fantôme, presentada en la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes.
Une vie rêvée (Somewhere in love), que busca distribución en España, es su segundo largometraje, tras el estreno en 2017 de Compte tes blessures, película que tuvo una destacada presencia en diversos festivales internacionales de prestigio.
Rubik: Une vie rêvée, al igual que tu anterior largometraje, Compte tes blessures, gira en torno a relaciones entre hijos y progenitores. ¿Qué posibilidades ves en las dinámicas familiares y, más concretamente, en las familias monoparentales, para volver tan frecuentemente a ellas?
Morgan Simon: El modelo de familia monoparental es aquel al que estoy acostumbrado personalmente, así que es algo que surge instintivamente en lo que cuento. Tengo una experiencia con respecto a ello y, por lo tanto, también una mirada precisa sobre esta situación, que veo casi como una oportunidad para analizar el día a día, cada gesto y las relaciones entre los seres humanos.
Es cierto que, al principio, mis primeras películas no trataban sobre la familia, pero poco a poco se ha vuelto un tema cada vez más personal, algo que me habla y me conmueve. Mis dos largometrajes se configuran como un díptico: uno sobre la relación padre-hijo y el otro sobre la relación madre-hijo.
Rubik: La película cuenta con una dedicatoria al final a tu madre. ¿Hay en la obra cierto componente de autoficción?
M.S.: Sí, hay muchos elementos personales en Une vie rêvée. Sentí la necesidad de adentrarme en ese lado más íntimo porque varias de las situaciones que aparecen en la película las viví en primera persona. Además, desde un punto de vista social, creía que si no las contaba, la gente no las tomaría como reales. En cualquier caso, para transmitir lo que quería sobre la experiencia de esta mujer, tenía que partir de ciertos detalles que presencié. Solo así podría evitar que los espectadores pensaran que estas realidades no existen.

Por lo tanto, hay una mezcla de cosas inventadas porque, obviamente, es una película, es ficción, y hay que ir en esa dirección, pero también con cosas que, creo, pueden apelar a todo el mundo y hacer que uno se identifique. Mucha gente me ha dicho que la película les ha recordado a sus madres o a sus hijos porque viven situaciones similares. Son personas de clase popular que se han sentido menos solas tras ver la película, así que creo que realmente puede resonar en la gente.
Al final, en algún momento de nuestras vidas somos el hijo o el padre de alguien y todos nos hacemos las mismas preguntas que se hacen estos personajes. Une vie rêvée aborda cuestiones existenciales y habla de la condición humana; quizás al observar otras vidas en la gran pantalla podamos encontrar respuestas sobre nuestra propia existencia.
Rubik: Es llamativo, teniendo en cuenta que hay mucha inspiración de tu propia vida, que el punto de vista de la película no sea el del hijo como en Compte tes blessures, sino el de la madre.
M.S.: Como proyecto, Une vie rêvée ya existía desde hace muchos años, antes incluso de que hiciera Compte tes blessures ya había una primera versión de un posible guion. En esa versión inicial, la historia se contaba desde el punto de vista del hijo, pero después de filmar mi primer largometraje sentí que lo interesante en este segundo largometraje era filmar a la madre. Me parecía más enriquecedor centrarme en su personaje y cambiar de punto de vista, situarme en su lugar y en lo que ella atraviesa. La madre es una figura de heroína moderna y esta película trata de cómo ser feliz con lo que se tiene o con lo poco que se tiene, que creo que hoy en día es una idea crucial.
También, darle el protagonismo a la madre, es también una manera de hacer inmortal a la mía, en el sentido de que Valeria Bruni Tedeschi se le parece un poco, incluso físicamente. De hecho, mi madre, como la protagonista, lleva siempre una gorra de cuero sintético. De este modo, la película llega bastante lejos en su manera de reescribir cosas reales, pero siempre con un propósito superior: muestra una forma de realidad sin concesiones pero, al mismo tiempo, lo hace con un toque de fantasía.

Rubik: ¿Te ha contado tu madre qué piensa de la película?
M.S.: Le hablé sobre la película en el momento en que supe que oficialmente íbamos a poder rodarla, unos meses antes de comenzar a grabar. Intenté rodar de forma cronológica en la medida de lo posible y vino al rodaje el último día; de hecho, puedes verla en una de las últimas tomas de la película. Fue divertido porque ella no quería quitarse su gorra ni nada, pero le tuve que explicar que no podía llevar la misma ropa que Valeria. Fue especial grabar eso porque la escena está filmada en un lugar que ambos conocemos bien; un restaurante al que solemos ir, un buffet más bien popular. Por lo tanto, pudo ver el proceso, comprobar cómo trabajaba Valeria y hablaron mucho entre ellas, con mucha dignidad, amor y respeto.
Ha visto la película unas cinco o seis veces. La primera vez, cuando la vio, se sintió aliviada porque pensaba que la película le iba a dejar en mal lugar y ya en el segundo visionado empezó a reñirme sobre la decoración del apartamento, porque el de la vida real era mucho mejor. Las proyecciones con público ya fueron algo más delicadas porque mostrar aspectos de tu vida no es fácil, no era como ver la película sola en casa.
Aun así, la ha vuelto a ver varias veces en el cine y está muy orgullosa de la película, le parece preciosa. En cualquier caso, también hay que entender que ver la película como espectadora es difícil, porque la protagonista tampoco es como ella al cien por cien.
Rubik: Hay un equilibrio entre la comedia y el drama muy interesante, especialmente en el caso del personaje de Nicole; hay situaciones en las que uno no sabe si reír o sentirse mal por ella. ¿Cómo fue el trabajo con Valeria Bruni Tedeschi y el resto del reparto para mantener un registro coherente en la película?
M.S.: Valeria es una actriz realmente extraordinaria, capaz de interpretarlo todo en cualquier momento, así que dentro de una misma escena el tono puede cambiar entre el humor y la emoción con naturalidad. Me gusta hablar con los actores, sentir realmente las emociones en cada momento: eso hace que haya una especie de plasticidad permanente en la manera de filmar, una búsqueda constante de matices. Y luego, ya en el montaje, dejo margen para orientar el filme en una dirección u otra.

En todo caso, la idea en esta película, sobre todo con Valeria, que es también italiana, es que haya algo de commedia all’italiana, moverse entre lo cómico y lo dramático, que se mezcle todo pero que al mismo tiempo haya algo profundo en la película que haga justicia a las personas que la sociedad deja de lado. Me preocupo por aquellos que no son el centro de atención, aquellos en los que las redes sociales no ponen el foco y a los que se les margina en todos los sentidos: sociales, humanos, intelectuales, mediáticos….
Creo que Valeria pudo aportar mucho gracias a las lecturas que hizo, y antes del rodaje, se reunió incluso con mi madre en su casa, en la periferia de París. Con Félix Lefebvre también he desarrollado una relación de amistad estupenda, basada en la confianza. Nos vimos mucho e hicimos varias lecturas juntos. Lubna Azabal al igual que ellos, también se ha convertido en una gran amiga. Creo que haciendo la película surgió algo basado en la confianza y en la amistad que se percibe en la propia obra. Hay autenticidad, todos dieron lo mejor de sí mismos con sinceridad. Hicimos lo máximo posible con lo que teníamos, que era poco, pero con mucho corazón.
Rubik: ¿Es ese humor una forma de huir del miserabilismo del que abusa a veces el cine social europeo?
M.S.: Sí, totalmente. También viene de que el propio personaje de Nicole es un poco soñador: el título Une vie rêvée (es decir, una vida soñada) hace referencia a alguien que vive mucho en su propia cabeza, que imagina cosas y tiene sueños, hasta en la decoración de su casa se nota esa fantasía. Esta fantasía proviene de ella misma, es un personaje que, a lo largo de la película, sentimos que podría derrumbarse en cualquier momento por la presión que soporta sobre sus hombros, y aun así, no sé cómo, siempre logra levantarse. Hay una especie de desequilibrio constante, una forma de supervivencia que, a la vez, resulta divertida y conmovedora.

Es cierto que mi primer largometraje era un poco más crudo y este es menos duro, mucho más suave y luminoso. Es como una flor que se va abriendo poco a poco a lo largo de la película. Al principio es una flor marchita, descuidada, apagada, pero con el tiempo recupera la vida, se endereza y vuelve a brillar. Creo que esa es la energía que transmite el filme. Y creo que uno sale de la película sintiéndose mejor de lo que entró. Al menos, espero que ese sea el objetivo.
Rubik: Al ver la película, especialmente hacia el final, también tuve la sensación de estar viendo una película de Navidad, más allá de la época en la que transcurre la historia, especialmente porque es una película más bien optimista, reconciliadora, algo que resulta hoy casi sorprendente.
M.S.: Hay algo de esa magia de la Navidad, en esas fechas ocurren cosas inesperadas. Crecí con estos momentos navideños que adoro y jugamos con ese sentimiento desde el principio. Es una película que transcurre durante la Navidad y el personaje principal no puede hacer regalos: mientras a su alrededor todo el mundo está comprando cosas para la familia, a ella desde el principio le advierten de que no podrá regalarle nada a su hijo. Entonces, ¿qué queda de la Navidad? ¿Qué se puede hacer en ese contexto? Me interesan esas fechas porque son momentos simbólicos, como los cumpleaños, que aparecen varias veces en la película.
En algunos de mis cortometrajes también hay escenas de cumpleaños y son momentos importantes porque marcan el paso del tiempo, son rituales con los que uno se cuestiona si nuestra vida ha cambiado con los años o si seguimos atrapados en el mismo ciclo repitiendo los mismos rituales sin cesar. Cuando parece que nada ha cambiado, se consigue generar mucha emoción y se puede decir muchos sobre los personajes.
Rubik: Aunque Une vie rêvée está muy centrada en lo íntimo y lo personal, también está claramente anclada en el presente, con el gobierno de Macron y diferentes polémicas como la de las pensiones o el desempleo. ¿Crees que lo íntimo y lo personal son la mejor manera de abordar aspectos generales y nacionales?
M.S.: Es la única manera. De lo contrario, se convierte en una cosa monótona, un discurso impuesto a la gente que solo convencerá a quienes ya están de acuerdo y que generará rechazo al resto. Si conseguimos que el público empatice con un personaje y con lo que está atravesando, y si, además, lo que vive está ligado a problemas más grandes que él mismo, entonces es cuando realmente se revelan ideas políticas y sus consecuencias.

Para mí, esta es la manera más interesante de hablar de política sin hacerlo directamente, aunque en la película hay elementos que sí se mencionan explícitamente. Sin embargo, lo más político del filme no es necesariamente mostrar a Macron, sino poner el foco en este personaje que, en realidad, casi nunca vemos en el cine.
Cuando aparece, suele mostrarse de una manera muy “dardenniana”; me encantan los hermanos Dardenne, pero ese tipo de cine encasilla a los personajes y puede reforzar una visión estereotipada: como si pertenecer a una clase modesta, necesariamente significase que hablas de cierta forma, vives en el sufrimiento, careces de sueños y tu entorno es gris. Aquí los personajes tienen sueños, pasiones, sentido del humor, esperanzas… y también decepciones, claro. A través de lo íntimo logramos contar todo esto y, al mismo tiempo, hablar de lo nacional.
Rubik: En Compte tes blessures trabajas mucho la cámara al hombro, muy cerca de los actores, y el efecto es tenso y áspero. Aquí sin embargo, la cámara está más quieta y la sensación es más cálida, confortable. Me gustaría saber más sobre tu aproximación a la estética de Une vie rêvée.
M.S.: Es cierto que tanto en mi primer largometraje como en mis primeros cortometrajes usé mucho la cámara en mano, me gusta mucho ese estilo y creo que quiero volver a él en el futuro. Sin embargo, en esta película y en los dos cortometrajes previos a la misma opté por la cámara fija sobre un trípode. Grabar así lo cambia todo y también requiere más tiempo.
En Une vie rêvée creo que esta elección se debe sencillamente a que seguimos a un personaje que está estancado en su vida y que pasa mucho tiempo en casa haciendo pocas cosas. El tiempo se detiene y también había un deseo por mi parte de componer encuadres que evocaran la fotografía, o por lo menos un formato más cercano al fotográfico. También, esta decisión otorga, a mi juicio, cierta nobleza al personaje.
Al principio me preocupaba que el trípode me limitara demasiado porque puede ralentizar el rodaje más que la cámara en mano, pero al final, permite tomar decisiones más radicales en la puesta en escena. A veces, no hay tiempo para hacer cuatro o cinco planos, así que tienes que ver cómo resolver una escena en solamente uno o dos. Eso nos llevó, por ejemplo, a la primera escena de la película, que es un plano secuencia, y me di cuenta de que este enfoque puede generar una radicalidad aún mayor que la cámara en mano. Me sorprendió y, al final, me gustó mucho.

Rubik: ¿Has trabajado con alguna influencia en mente?
M.S.: Sí, inevitablemente. Por un lado, están, por supuesto, las películas de Xavier Dolan en la relación con la madre, la estética, los colores cálidos… Creo que hay algo de eso en mi película. También, como dije, algo de commedia all’italiana que influye en el tono. Luego, hay otras referencias más lejanas, instintivas o incluso inconscientes; podríamos decir que las películas de Pialat y Cassavetes son las principales.
Para mí, es fundamental buscar la pureza en la interpretación de los actores, lograr una estética cuidada sin perder de vista que ellos están en el centro de todo. Eso implica métodos de rodaje a veces arriesgados: dejar que la cámara siga rodando durante bastante tiempo para capturar un instante único de actuación que solo ocurre una vez.
Y ahí está el reto: lograr que ese momento se filme bien, en armonía con la estética, sin depender del azar. Nunca busco accidentes; se trata de profundizar para encontrar algo que ni siquiera habíamos imaginado.
Rubik: Aprovechando tu nueva visita a España para presentar la película, me gustaría saber cuál es tu relación con el cine español y si hay algún director o alguna película española que te haya marcado especialmente.
M.S.: Evidentemente, Almodóvar está siempre ahí: todos compartimos a los mismos maestros. Me fascina la manera en que aborda los temas, la fantasía que introduce, su audacia y su estética, y también el uso del color.
Luego, creo que en el cine español tiene una presencia el cine de género mucho más fuerte que en Francia hoy en día. Hacéis más películas de género que nosotros. Pienso en REC, por ejemplo, creo que ese tipo de películas faltan en Francia. Me gustan mucho las obras que se hacen en España que se centran en los personajes y admiro la capacidad de hacer películas de puro disfrute para el espectador sin perder calidad. Encuentro que el cine español tiene ese equilibrio, y que en Francia deberíamos inspirarnos más en ello.