Charlamos con Néstor López, director, guionista y productor de cine. El éxito nacional e internacional de Semillas de Kivu ha supuesto un fuerte impulso a su carrera y a la trayectoria de la productora de la que es fundador y CEO, Filmakers Monkeys. Lanzamos una mirada, de su mano, a su recorrido, nuevos proyectos y próximos desafíos. Por Miguel Varela.

Rubik: ¿Cómo recuerdas la génesis de Filmakers Monkeys y los primeros pasos en la producción?
Néstor López: La productora nace por una cuestión que suele ser bastante habitual cuando te metes joven a la producción como hice yo, con 23 años. Hasta entonces me había estado formando desde los 19 años en el guion, escribía para televisión sobre todo, y con lo que me iban pagando sobrevivía. A veces, malvivía en realidad. Ya desde entonces tenía claro que quería ser cineasta pero claro, con esa edad, tú envías tus proyectos y no te hace casi ni Dios. Eso es normal cuando eres tan joven y no has hecho nada antes, no recibes nada más que ghosting y negativas. Entonces me paré a pensar… ¿Qué hacen otros directores de España para que esto funcione?
Me puse a observar, me fijé en Almodóvar, Sorogoyen… y todos tenían su propia productora. Yo era guionista y director, no productor nativo. Pero me di cuenta de que si nadie apostaba por mí, me tenía que convertir en productor y apostar por mí mismo, aunque no tuviera ni idea de como hacerlo. No fundé la productora entonces porque no tenía los medios, pero sí registré la marca y empecé a construir el concepto de Filmakers Monkeys.
Rubik: Es muy complicado empezar una carrera como productor sin un respaldo económico potente… ¿Cuál fue tu fórmula?
N. L.: Los inicios son duros, una carrera donde tienes que aguantar, aguantar… como Hodor sosteniendo la puerta. Yo me he matado a trabajar, en algún momento casi las 24 horas del día porque no tenía recursos financieros ni apoyos que me sostuvieran. Tenía que construir esa productora que soñaba mientras generaba ingresos para vivir.
Salimos a vender proyectos e ideas a las marcas. Hicimos contenido para Netflix, Amazon o Sony, pero también para el bar o el kebab de la esquina. De todo. Pero es cierto que el contenido que fuimos haciendo para marcas grandes se nos dio bien, llegamos a cierto nivel de facturación, tener 5 o 6 personas trabajando en la productora…
Igual en aquel momento lo fácil era seguir con la publicidad, pero nosotros lo apostamos todo al cine, porque eso era lo que veníamos a hacer desde el principio. Hay marcas que todavía nos siguen llamando y hacemos alguna cosilla si el proyecto nos gusta, pero en general desde aquel momento tomamos un camino muy claro.
Eso me liberó algo de tiempo para que pudiera regresar el Néstor cineasta. Hicimos Ellos, con el que ganamos DAMA Cortos, salió Anticlímax y ganamos Málaga… con todo eso empieza un camino de varios años en el que yo le dedico mi vida entera a mis guiones, mis proyectos y los de la productora… hasta llegar a ganar el Goya con Semillas de Kivu. Ese es un poco el resumen de cómo nació el proyecto.
Rubik: Antes de zambullirnos en Semillas de Kivu, ¿Cuáles son las señas de identidad de ese proyecto que soñaste, Filmakers Monkeys, que hoy ya es una realidad?
N. L.: Desde el primer momento quise construir un sello de alta calidad. Que hable sobre las problemáticas que importan de verdad a las personas. No tanto ese cine que en aquel momento estaba muy fuerte, que llevaban a cabo los que podían pagarse estudios de cine caros. Yo no podía, vengo de un origen muy humilde, mi madre es limpiadora y migrante, no me podía pagar la ESCAC, soy muy autodidacta.
En los comienzos yo veía que en el cine que se estaba haciendo había mucho talento, pero que se hablaba muchas veces desde una posición muy romántica o cómoda. Tú, cuando vienes de una condición social media, notas que no te están hablando directamente a ti. Yo quería poner en marcha una productora que sí se enfocara en las problemáticas reales de la gente.
Y a partir de ahí nos fuimos posicionando hasta llegar a lo que somos ahora, una productora que se centra en explorar la condición humana y como esta siempre se abre paso, aunque todo lo demás parezca decirte que no merece la pena. Esa es la productora que somos ahora.
Rubik: ¿Y cómo fue el proceso de pasar de producir para uno mismo… a ir incorporando nuevas voces y producir para ellas?
N. L.: En un momento me empecé a dar cuenta de que yo a título personal sólo podía hacer 1 o 2 títulos al año, necesitaba abrirme a más creadores. “Porque si no esto va a ser el sello de ‘Néstor López’, no un proyecto a largo plazo que tenga identidad y vida propia”. Así que empecé a levantar el teléfono, hablé con la cortometrajista María Guerra, le produje dos o tres cortos. También me metí en varias coproducciones, con gente cercana, la cosa empezaba a coger ritmo…
Y así empezamos a producir de forma sistemática un buen número de proyectos y yo, a nivel creativo, empecé a ser un talento más dentro de los que la productora ha manejado en los últimos tiempos. Pero una cosa está clara desde el principio, en todos los proyectos que nos hemos metido, han sido cosas que nos motivaban. Porque sabes que una vez te pones con ello van a ser 2 o 3 años como mínimo y que si el proyecto no conecta contigo y no lo haces con pasión… se convierte en algo muy duro.
Creo que en ese sentido me ha venido bien no ser un productor nativo, sino un creador que enfoca la producción desde lo creativo. Ahora soy un experto en financiar proyectos, pero cuando empecé no tenía ni idea, me metía en proyectos que me llenaban y pensaba… “ya aprenderé cómo financiar estas cosas”. Me considero también una persona con el ego bien gestionado, lo que me ha permitido participar en proyectos de mucha gente interesante porque respeto su visión, sin necesidad de anteponer la mía. Me gustan los autores con vinculación fuerte con sus historias, que no hablen de algo de manera gratuita, sino porque hay algo que realmente les motive y les empuje a contar esa historia.

Rubik: ¿Y cuál es ese tipo de proyectos en los que te interesa aceptar a día de hoy como productor?
N. L.: Yo siempre he entrado como productor creativo, lo que en una serie sería algo como un showrunner. Entonces siempre he atendido más a esa parte… mientras he aprendido sobre las estructuras de financiación, a donde acudir para levantar proyectos… eso ha venido poco a poco con el tiempo. Creo que eso me permite entrar en los proyectos para acompañarlos, mejorarlos… más allá de la búsqueda pura de la financiación. Nos interesan proyectos con los que realmente establezcamos un vínculo para poner nuestro sello.
El tipo de cine que hacemos pone el foco en lo humano. Ante situaciones, a veces, un poco delicadas, pero que sirve para mirarnos a nosotros mismos y entender que a pesar de las circunstancias, el ser humano tiene cosas muy bellas dentro. Ese tipo de cine se ha entendido muy bien en los festivales, hemos estado en Sundance, Venecia, hemos tenido premios en los Goya… hay una valoración buena de la filosofía que tenemos, de cuidar tanto el tipo de proyectos que hacemos como a los autores que trabajan con nosotros.
Tenemos un lema que es que “nuestras películas empiezan cuando terminas de verlas”. Intento que todas las películas con nuestro sello lleven a generar un debate, a construir y generar un impulso hacia delante… esa estrategia concienzuda nos ha permitido sacar adelante muchos cortometrajes, generar contenido de marca… también nos hemos equivocado, pero en esencia las cosas están saliendo bien.
Rubik: Hablemos de Semillas de Kivu, que ha sido un impulso muy importante para vosotros: un corto multipremiado, Goya a Mejor Cortometraje Documental… ¿Cómo surgió este proyecto y cómo definirías la repercusión está teniendo para vosotros?
N. L.: Semillas de Kivu es un proyecto muy interesante, transversal, es el único que atraviesa toda la historia de nuestra productora, de las más de 35 producciones que hemos llevado a cabo. Surge hace casi una década, en ese momento de buscar proyectos que definieran nuestra personalidad. Me llega de la mano de un fotógrafo retratista español, que se llama Pepe Castro y de mi colega Carlos Valle de Toledo, que es con el que luego hago Semillas de Kivu. Me llama y me dice Néstor, ha llegado un proyecto que creo que es para ti, porque tú quieres hacer este tipo de cosas. Él ya había leído mis guiones. “Yo sé que tú vas por este camino y sé que buscando ideas y esto te puede encajar e interesar”.
Era una idea en fase muy inicial, de un proyecto documental de varios capítulos, de revisar lugares en los que habían tenido lugar conflictos trascendentales para la humanidad. La idea era acercarnos a esos conflictos, para saber si se habían solucionado o si simplemente se había puesto tierra de por medio. Cada bloque estaría protagonizado por un Nobel de la Paz.
Así que empezamos a entrevistar a algunos de ellos. Desarrollamos durante mucho tiempo este proyecto porque encajaba como anillo al dedo con la filosofía de lo que queríamos hacer. Pero en un punto empezamos a detectar que eso no sucedía con el mercado. Tuvimos muchas reuniones, con televisiones y agentes grandes, pero era difícil encajar el presupuesto, la implicación de varios países… empezaron a surgir complicaciones.
Y durante ese desarrollo, mientras nosotros lo estábamos moviendo y sacando fondos, el Nobel de La Paz lo gana el doctor Denis Mukwege, que es un ginecólogo congoleño, que en Bukavu (Kivu), se dedicaba a la reconstrucción de la genitalia femenina de mujeres que habían sido violadas por las guerrillas de la zona.
Entonces dijimos, “vale, esto puede ser parte importante de este proyecto que estoy desarrollando”. Me pongo a estudiarlo. Estuve meses leyendo y llegué a la conclusión de que esto era demasiado grande como para meterlo dentro de este proyecto. Esto tenía que ser un proyecto aparte.
Y al final, ese proyecto representaba todo el trabajo que yo había hecho en los últimos años en zonas de conflicto. Era el proyecto que se necesitaba. Pero tenía una diferencia muy clara, que ese conflicto seguía estando vigente.
Vi que podíamos ser útiles dando a conocer el conflicto de Kivu. Y en ese momento, en 2018, aparcamos este proyecto anterior, porque llevamos dos años dándonos contra muros y nos centramos exclusivamente en la historia del doctor Denis Mukwege. Poco a poco, pasó de ser un biopic de él a Semillas de Kivu, una historia centrada en las víctimas. Eran las supervivientes que buscaban la reinserción, ahí estaba la historia. En ellas y en sus bebés no consentidos, que son las Semillas de Kivu.
En total, ocho años de investigación, de más de tres años para financiar un corto. La idea inicial era el largo, pero vimos que iba a costar mucho financiarlo y optamos por la otra opción. En 2019 empezamos a currar, en 2021 empiezan a llegar los primeros frutos… y nos plantamos en 2024 pensando “qué coño acaba de pasar”. Semillas de Kivu es todo ese proceso, desde los primeros pasos del proyecto en 2017 hasta su estreno en 2024.

Rubik: Después de tanto trabajo de producción, imagino que se puso especial mimo en seleccionar el estreno, estrategia de distribución…
N. L.: Estuvimos un año con el cortometraje sin estrenar, ya terminado, buscando los mejores acuerdos posibles, diseñando la mejor distribución, hablando con muchos festivales, preparando todo lo que vino luego. No fue tenerlo listo y lanzarse. A veces, creo que la gente se precipita mucho… yo creo que las cosas hay que hacerlas con cabeza.
Estuvimos un año sin mostrarlo, buscando los mejores apoyos posibles, buscando la mejor manera también de ser útiles para el conflicto de Kivu, trabajando mucho en silencio, sin que nadie se enterara, pico y pala, y de repente estábamos ahí. Finalmente lo estrenamos en octubre, o sea, es que en realidad lo hemos estrenado hace pocos meses. Y desde entonces… pues la verdad es que ha arrasado, es mi cortometraje como director más exitoso, sin ninguna duda.
Me hace mucha ilusión porque yo empiezo con el proyecto siendo un “pipiolo”, intentando averiguar cómo se hacen las cosas en el cine y termino con Semillas de Kivu en un momento en mi carrera en el que ya he hecho cuatro largos como productor, treinta cortos, voy a hacer mi primer largo como director, ya he ganado varios premios grandes… el profesional que soy ahora no tiene nada que ver con el que empezó con el proyecto.
En estos meses, además de ganar el Goya, estamos teniendo un nivel de selecciones muy potente. Nueve calificadores de Oscar, uno por mes…
Rubik ¿Y cómo ves las posibilidades de Semillas de Kivu para los Oscar?
N. L.: Yo en estos ocho años jamás pensé en los Oscar, era una cosa que veía muy lejos. Pero a medida que ha ido pasando el tiempo, hemos competido en muchos sitios, hemos estado en la shortlist con La Gran Obra -de la que soy coproductor-… he empezado a entender un poco más cómo funciona. He visto que los Oscar no son una cosa rara, sino que están ahí, cerca, los tienes ahí y los puedes tocar. Es cuestión de presentarte y hacer las cosas bien.
Cuando presentamos el corto el pasado octubre yo sí que pensé que era un corto que tenía mucha fuerza para los Goya porque los conocía, llevábamos años compitiendo, habíamos ganado… pero no lo veía muy interesante para los Oscar quizá. Pero a raíz de ganar el Goya, he hablado con varios consultores internacionales de cara a los Oscar para preguntarles “cómo lo ves”. Porque si vamos a la campaña, o vamos con todo o no vamos.
Porque es cierto que estamos calificados, en la long list, pero hay que hacer una campaña potente, conseguir acuerdos, es un auténtico ‘currazo’. Y ellos me dijeron “ya te estás quitando la idea de la cabeza de que no cuadra en los Oscar”. Y los motivos que me dan es que tenemos muchos elementos: está yendo fenomenal en festivales, lo están cogiendo en Estados Unidos, tienes un Nobel de la Paz como protagonista… pero sobre todo, lo más importante: “el cortometraje funciona y gusta, es muy potente”. Eso me lo han dicho cineastas relevantes y a los que respeto mucho, así que vamos a intentar entrar, claro que sí, vamos a darlo todo.

Rubik: Habrá largometraje de Semillas de Kivu, ¿Cómo se gestionó el desarrollo y confirmación de esta adaptación?
N. L.: Aunque pueda parecer así, la película no surge a raíz del Goya, lo que pasa es que lo hemos ido trabajando como hormiguitas hasta que ha llegado el momento de decirlo. A partir del Goya, en todo caso, ya quedó totalmente confirmado. La película parte de Filmakers Monkeys como productora principal, yo soy el director y el guionista. Y entran como coproductores Beta Fiction (La Infiltrada) y también distribuidores y como agentes de ventas.
La idea de Semillas de Kivu nació como largo, entonces aunque pasamos el proyecto al corto, el formato siempre estuvo ahí latente. Armamos un pitch de la peli, tratamiento, sinopsis, lo movimos por laboratorios… y antes de tener el cortometraje, ya habíamos acordado el largo con Beta. Es una gran apuesta por su parte que viene de antes del corto.
También entran como coproductores la productora catalana Escándalo Films y la francesa Cie Mondex y participan RTVE y Movistar. Se ha montado una estructura grande que garantiza que la película va a estar muy bien acompañada.
La película, que de momento se llama también Semillas de Kivu es mucho más compleja que el corto. No se centra solo en el hospital de Panzi y en las mujeres reinsertadas. Sino que la película lo que quiere es desenmarañar cómo funciona la cadena de la guerra, que al final está sustentada por el nuevo colonialismo actual.
Es decir, ¿Por qué estas mujeres son violadas por las guerrillas? ¿Quién financia a estas guerrillas? Estos grupos empresariales que controlan minas. ¿Por qué explotan esas minas? Porque les pagan estos grupos desde Occidente. Vale ¿quién controla esos grupos en Occidente?
La película es un largometraje documental con formato de un thriller político. Vamos a más grande. Tenemos a los guerrilleros, nos metemos con ellos en la guerra. Tenemos activistas, misioneros y abogados que están intentando denunciar estos crímenes. También al doctor Mukwege… La película te da todos los aspectos de un conflicto muy complejo.
No sé si usaremos metraje del cortometraje. Inicialmente esa era la idea, ahora no lo sé. La zona de Kivu ha sido tomada por la guerrilla y esto no estaba previsto que ocurriera este año, por lo que la situación de la zona ha cambiado por completo y tenemos la obligación de filmar cierto material.

Rubik: Más allá de Semillas de Kivu, tenéis un buen número de proyectos que también están haciendo ruido en festivales…
N. L.: Tenemos ahora mismo en cuanto a cortometrajes Pipiolos, de mi buen amigo Daniel Sánchez Arévalo, del que somos orgullosos productores. Es un proyecto que ganó el Roel de Oro en Medina, está calificado para los Goya y es nuestra gran apuesta para estos premios… le estamos dando mucha caña, intentando que siga entrando en los principales festivales y que vaya evolucionando.
También tenemos Polígono X que es mi nuevo cortometraje como director, que acaba de ser adquirido por una compañía francesa de distribución muy potente, que nos va a ayudar en la estrategia de abrir ciertos festivales y espacios potentes a nivel internacional. Tenemos unos objetivos concretos de sitios donde queremos estar, para evolucionar hacia un proyecto más grande, tenemos oferta para desarrollar la película.
Y luego tenemos otros cortometrajes de ficción también haciendo el circuito. Dos de David Pérez Sañudo, son Agrio y El Rey de la Semana. El Rey de la Semana ya está terminando, Agrio todavía sigue teniendo ese recorrido, los dos califican a los premios Goya. También Chicken Jazz de Imanol Ruiz de Lara, que estará en el Festival Calificador al Oscar de Odense. Tenemos como varios cortometrajes en distribución además de Semillas de Kivu, que lleva seis meses y todavía le queda un año y medio.
Luego, de largometrajes, estamos a puntito de terminar, ya casi lo tenemos, la nueva película del director Santiago A. Zannou, que regresa con Las que se atrevieron, que esperemos que encaje ya en los próximos meses en algún festival y luego que pueda llegar a salas… es un proyecto del que estamos plenamente orgullosos y estamos deseando estrenar. Además, estamos trabajando con Langui en su estreno como director de ficción en largometraje.
También seguimos construyendo y trabajando en nuevos trabajos, con cineastas como Jaume Balagueró, estamos trabajando con Álex Lora, estamos trabajando con la iraní Atefeh Jalali que fue la directora de Ajar, nuestro corto que estuvo en Venecia el año pasado… tenemos unos cuantos proyectos en marcha con talento internacional de primer nivel deseando comunicar y también un par de acuerdos realmente importantes.
Por otro lado, estamos inmersos en el desarrollo de A veces silencio de Álvaro Robles, largometraje de animación que acaba de recibir el fondo de Ibermedia Next, Drill largometraje de ficción que acaba de recibir Desarrollo de Madrid y otra producción con una plataforma que aún no podemos anunciar.

Rubik: ¿Cuál es el siguiente gran proyecto? Ese que te hace especial ilusión.
N. L.: Después de Semillas de Kivu, que llevo 8 años con él y es el gran proyecto de mi vida… no sé si será exactamente lo siguiente porque depende de los tiempos y las financiaciones, pero el largometraje de Polígono X me hace mucha ilusión. Porque es una historia de mi barrio, que sale de mí, que llevo muchos años queriendo hacer. También porque llevo muchos años con documental -de hecho estoy trabajando en otro proyecto en Kenia y Etiopía que se llama Los últimos días– y he tenido éxito, pero quiero meterle mano a la ficción a una historia que pueda dar mi toque como es la de Polígono X, que me mueve mucho por dentro poder contar. Después de tres Goyas y entrar en la carrera al Oscar… tenemos una ambición global para nuestros próximos proyectos.